Kevin Warsh afronta en Jackson Hole su primera intervención pública de calado desde que asumió la presidencia de la Reserva Federal en mayo. El discurso, previsto para mañana a las 16:00 horas, pondrá fin a tres meses de escasas señales sobre su visión de la economía y sobre el rumbo que podría tomar la política monetaria estadounidense.
La expectación se explica, en parte, por la estrategia que Warsh ha mantenido desde su llegada al cargo. En lugar de utilizar la comunicación como una herramienta central para orientar a los mercados, como hicieron anteriores presidentes de la Fed, ha optado por hablar menos y observar qué expectativas incorporan los precios de los activos. Ahora los inversores esperan saber hasta qué punto está dispuesto a abandonar ese silencio.
El mercado reclama señales sobre los tipos
Una encuesta de CNBC entre 31 economistas, estrategas e inversores muestra la presión que afronta el nuevo presidente. El 80% de los participantes quiere que explique con mayor detalle su visión económica. Sin embargo, no existe consenso sobre si debería abordar de forma explícita la senda de los tipos: el 48% considera que sí debe hacerlo y otro 48% opina lo contrario.
La previsión más extendida es que Warsh vuelva a ofrecer pocas pistas concretas. El 45% de los encuestados cree que no dará indicaciones precisas sobre los tipos, mientras que el 32% espera un tono algo más restrictivo. Otro 19% anticipa un mensaje neutral.
La falta de detalles podría interpretarse como una ausencia de rumbo, mientras que un mensaje demasiado definido tendría capacidad para alterar con fuerza las expectativas del mercado. Ese equilibrio será uno de los elementos principales que se examinarán tras el discurso.
Las apuestas sobre la política monetaria siguen divididas
La encuesta refleja que los operadores tampoco mantienen una visión unánime sobre el próximo año. El 53% espera subidas de tipos, frente al 30% que prevé recortes. Un 16% no anticipa cambios. Los futuros sobre los fondos federales también siguen asignando una probabilidad significativa a un mayor endurecimiento: la posibilidad de una subida en septiembre ronda el 35% y se acerca al 90% de cara a diciembre.
La inflación se sitúa en el centro de esa discusión. Según los participantes en la encuesta, bajará del 3,4% en 2026 al 2,6% el próximo año. Para una parte del mercado, sin embargo, esa moderación solo será posible si la Reserva Federal aplica antes nuevas medidas restrictivas. Por ese motivo, los activos de riesgo podrían mostrarse vulnerables ante cualquier señal más contundente de Warsh.
El papel del Tesoro tampoco convence al mercado
La estrategia del secretario del Tesoro, Scott Bessent, para comprar más bonos del Estado a largo plazo tampoco genera confianza entre los encuestados. El 77% considera que esa intervención no conseguirá reducir de forma sostenida los tipos a largo plazo en Estados Unidos.
La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ronda el 4,66%, y el mercado espera que se mantenga, en términos generales, entre el 4,60% y el 4,70% durante el próximo año. Los participantes atribuyen el repunte de las rentabilidades, sobre todo, al aumento de la emisión de deuda a escala mundial y a unas expectativas de inflación más elevadas.
Con este trasfondo, la intervención de Warsh llega en un momento especialmente sensible para los mercados. Sus palabras no solo servirán para conocer mejor su enfoque, sino también para comprobar cuánto puede influir su estilo de comunicación en unas expectativas de tipos que siguen lejos de estar asentadas.










