Volkswagen prepara una reestructuración que podría llevarle a prescindir de hasta 50.000 puestos de trabajo adicionales, una cifra equivalente a cerca del 8% de su plantilla mundial al cierre del año pasado. El grupo alemán también estudia reducir aproximadamente a la mitad su oferta de modelos de aquí a 2035, en un intento de concentrar recursos en las áreas más rentables.
El consejo de supervisión ha dado luz verde a un amplio plan de reorganización, aunque la cifra de empleos no representa por ahora un objetivo cerrado de despidos. El comité de empresa la considera un escenario de planificación diseñado para que Volkswagen pueda cumplir sus metas financieras para 2030.
Un escenario de ajuste, no una cifra definitiva de despidos
Volkswagen pretende reducir costes de forma drástica en un momento especialmente complicado para el fabricante. Sus ventas en China están retrocediendo, los costes de producción en Alemania continúan siendo elevados y varias plantas europeas funcionan por debajo de su capacidad.
Además, los acuerdos vigentes mantienen descartados los despidos forzosos al menos hasta finales de 2030. Por tanto, el posible recorte de 50.000 empleos no implica que todas esas posiciones vayan a desaparecer mediante despidos directos. La compañía todavía debe concretar cómo se aplicaría el ajuste y qué parte de la reducción de plantilla se produciría por otras vías.
El objetivo financiero fijado para 2030 es alcanzar un margen operativo del 9% y unas ventas anuales de alrededor de nueve millones de vehículos. Para acercarse a esas metas, el grupo también reducirá su inversión.
Menos inversión y una gama de modelos más concentrada
Entre 2027 y 2031, Volkswagen prevé destinar unos 135.000 millones de euros a inversiones, investigación y desarrollo. La cantidad es un 16% inferior a la pactada el año pasado. La empresa quiere dirigir el capital disponible hacia las marcas y los modelos que aporten una mayor rentabilidad.
En esa misma línea se encuadra la posibilidad de reducir quizá a la mitad la oferta de modelos antes de 2035. La medida refleja la presión que soporta el grupo para mantener una estructura más manejable mientras sigue financiando el desarrollo de vehículos eléctricos, baterías y software.
El fabricante se enfrenta a un problema de escala: debe continuar destinando miles de millones a esas tecnologías, pero lo hace con costes elevados y un exceso de capacidad productiva en varias instalaciones. Mantener el tamaño actual de la organización resulta cada vez más difícil en ese contexto.
La competencia china estrecha el margen de maniobra
La expansión de fabricantes chinos como BYD en Europa añade presión a Volkswagen. En China, uno de sus mercados principales, tanto las ventas como la cuota de mercado del grupo alemán están bajo tensión. La mayor competencia limita su capacidad para trasladar costes y complica la rentabilidad de una gama amplia de vehículos.
Los analistas de Citigroup consideran que la reorganización puede permitir a Volkswagen asignar más capital a las marcas y los modelos con mejores márgenes. La familia Porsche-Piëch, que controla a través de Porsche SE la mayoría de los derechos de voto en Volkswagen, también reclama una respuesta más rápida. Sus ingresos por dividendos se han visto presionados por unos resultados decepcionantes.
Los inversores recibieron inicialmente el anuncio con optimismo. Las acciones de Volkswagen subieron alrededor de un 9% el jueves, su mayor avance desde marzo de 2023. El mercado valora así un plan que todavía debe concretarse, especialmente en lo relativo al alcance final del recorte de empleo y a la reorganización de la oferta de modelos.










