Los mercados afrontan una semana decisiva con dos referencias de inflación en Estados Unidos: el índice de precios de producción (IPP) se conocerá el jueves y el índice de precios al consumo (IPC), el viernes. Serán los últimos datos relevantes que tendrá la Reserva Federal antes de su reunión de la próxima semana, en la que deberá decidir si vuelve a subir los tipos de interés.
Ambas publicaciones correrán a cargo de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) y se conocerán a las 14:30, hora peninsular española. La atención se concentrará especialmente en la inflación subyacente, que excluye los alimentos y la energía por la volatilidad de estos componentes.
La energía mantiene abierta la brecha entre el IPC general y el subyacente
El último dato disponible, correspondiente a julio, situó la inflación general en el 3,4%, mientras que la tasa subyacente quedó en el 2,5%. La diferencia se explica en buena medida por el encarecimiento de la energía: sus precios fueron un 14,7% superiores a los de un año antes y la gasolina registró una subida del 24,6%.
El impacto del petróleo, sin embargo, no se limita al precio de los carburantes. Los mayores costes de transporte, los plásticos, los envases, los fertilizantes y la energía utilizada por las fábricas pueden terminar trasladándose al consumidor. Ese proceso no es inmediato. Las empresas pueden absorber inicialmente parte del aumento de costes y repercutirlo meses después en sus precios.
Los billetes de avión son un ejemplo de esa transmisión indirecta. Aunque forman parte de la inflación subyacente, su precio depende en gran medida del queroseno. Este tipo de efectos es uno de los motivos de preocupación para la Reserva Federal: si el encarecimiento del petróleo alcanza también a la inflación subyacente, podría no desaparecer por sí solo cuando se modere el impacto inicial de la energía.
El mercado ya contempla una posible subida de tipos
La Fed mantiene los tipos de interés en el rango del 3,50% al 3,75% desde hace cinco reuniones. La expectativa del mercado cambió el viernes, después de que el informe de empleo mostrara 162.000 nuevos puestos de trabajo, frente a los aproximadamente 56.000 que esperaban los economistas.
Según CME FedWatch, el 58,4% del mercado se inclinaba por una subida de tipos. Una lectura de la inflación superior a las previsiones podría reforzar esa expectativa. En ese escenario, la rentabilidad de la deuda pública tendería a aumentar y los activos considerados de mayor riesgo, entre ellos Bitcoin (BTC), el oro y la renta variable, podrían verse presionados.
La reacción del viernes sirve como referencia de la sensibilidad actual del mercado. Bitcoin y el oro llegaron a perder más de un 2% en apenas unos minutos tras el cambio en las expectativas. Por el contrario, unos datos de inflación más moderados podrían reavivar la posibilidad de que la Fed no intervenga y favorecer una respuesta positiva en los mercados.
Deuda pública, BCE y expectativas de inflación
La agenda no se limita a los datos estadounidenses. El martes se celebrará una subasta de deuda pública de Estados Unidos a tres años. El miércoles llegará la emisión a diez años, considerada la cita más relevante. La anterior se adjudicó en agosto al 4,683%, mientras que la rentabilidad del bono a diez años ya alcanza el 4,78%. Si continúa al alza, el coste del crédito aumentará y tanto las acciones como las criptomonedas podrían encontrar mayores dificultades.
El jueves también está prevista la decisión del Banco Central Europeo, a las 14:15, seguida de la rueda de prensa de Christine Lagarde a las 14:45. El mercado espera una subida de 0,25 puntos porcentuales, hasta el 2,50%, después del repunte de la inflación de la zona euro hasta el 3,3% en agosto por el encarecimiento de la energía. La atención se centrará en las referencias de Lagarde a los efectos de segunda ronda.
El viernes se publicarán además los datos preliminares de la Universidad de Michigan sobre confianza del consumidor y expectativas de inflación. Estas últimas serán especialmente relevantes: unas expectativas más elevadas podrían traducirse en mayores demandas salariales y hacer más persistente el traslado del petróleo a los precios.










