El precio del trigo alcanzó el jueves su nivel más alto en tres años, en un mercado cada vez más preocupado por una posible intensificación de los ataques rusos contra Ucrania y por sus efectos sobre las exportaciones de grano del mar Negro. La cotización avanzó un 2,6%, después de haber subido un 6,4% el día anterior, y acumula una ganancia cercana al 19% en agosto.
El mercado teme nuevas interrupciones en el mar Negro
El repunte refleja la incertidumbre sobre la evolución de la guerra y sus consecuencias para las rutas de suministro agrícola. Según fuentes próximas al Kremlin citadas en la información, Rusia se estaría preparando para intensificar sus ataques, incluidos los dirigidos contra infraestructuras ucranianas, ante la percepción de que las negociaciones de paz se encuentran estancadas.
Los puertos y las terminales de grano de Ucrania ya han sufrido daños durante el conflicto. Si se produjeran nuevos ataques, las operaciones de exportación a través del mar Negro podrían volverse todavía más difíciles y arriesgadas. Esa posibilidad ha elevado la sensibilidad del mercado a cualquier señal relacionada con la seguridad de las infraestructuras y del transporte marítimo en la región.
Ucrania prevé que sus exportaciones agrícolas de esta temporada sean más de un 50% inferiores a las estimaciones anteriores. Rusia también afronta dificultades para sacar su producción al exterior: se espera que sus exportaciones de trigo en agosto caigan más de la mitad frente al mismo mes del año pasado.
Rusia y Ucrania concentran más de una cuarta parte de las exportaciones
El impacto potencial va más allá de los dos países implicados en la guerra. Rusia y Ucrania concentran conjuntamente más de una cuarta parte de las exportaciones mundiales de trigo y se encuentran entre los proveedores más competitivos del mercado. Los compradores de Oriente Medio, África y Asia dependen especialmente de ese flujo de mercancías.
Con el suministro del mar Negro sometido a presión, los importadores están recurriendo a alternativas como Australia y Argentina. Sin embargo, el grano procedente de esos mercados debe recorrer mayores distancias y suele tener un coste más elevado. Si esa sustitución se prolonga, la factura de abastecimiento podría aumentar para los países compradores.
La tensión tampoco se limita al trigo. Rusia y Ucrania exportan cantidades importantes de maíz, cebada y aceite de girasol. Una interrupción prolongada de sus envíos podría trasladar la presión a varios segmentos de la cadena alimentaria, desde los productos elaborados con cereales hasta los piensos utilizados en la ganadería.
Más presión sobre los alimentos y los costes de producción
Un encarecimiento del trigo puede repercutir en el precio del pan y de otros alimentos, mientras que el aumento del coste de los piensos puede acabar afectando también a la carne y los productos lácteos. El alcance final dependerá de la duración y la intensidad de las interrupciones, así como de la capacidad de otros exportadores para cubrir el déficit.
El mercado afronta este episodio en un momento de costes elevados de la energía y el transporte, factores que ya están alimentando la inflación. Por eso, nuevas dificultades para exportar grano desde el mar Negro podrían convertirse en otra fuente de presión para los precios de los alimentos en todo el mundo.










