Francia ha empezado a ocupar el lugar que durante años correspondió a Italia como principal fuente de preocupación para los inversores en deuda soberana de la Unión Europea. Según el Financial Times, el mercado exige cada vez con más frecuencia una mayor compensación por prestar dinero a París que por financiar a Roma, un cambio significativo frente al patrón habitual de la crisis del euro.
El mercado cuestiona la tradicional ventaja francesa
Durante años, la deuda italiana ofrecía una rentabilidad claramente superior a la francesa porque Italia era percibida como el eslabón más débil entre las grandes economías europeas. Esa diferencia reflejaba una mayor percepción de riesgo sobre las cuentas públicas y la capacidad del país para sostener su deuda.
La relación, sin embargo, se ha alterado. Este verano, la rentabilidad del bono francés a diez años superó en varias ocasiones a la del italiano, según los datos recogidos en la fuente a partir de TradingView. En la práctica, los inversores ya no dan por hecho que Francia sea necesariamente un emisor más seguro que Italia.
El movimiento no implica que Italia haya dejado de ser vulnerable. Sí muestra, en cambio, que el foco del mercado se ha desplazado hacia los problemas fiscales y políticos de Francia, mientras Roma ha logrado transmitir una imagen algo más estable en materia presupuestaria.
Déficit elevado y dificultades para aprobar el presupuesto
Las dudas sobre Francia se concentran en tres frentes: un crecimiento económico moderado, el deterioro de sus cuentas públicas y el aumento del riesgo político ante las elecciones presidenciales del próximo año.
El déficit público francés se sitúa por encima del 5% del producto interior bruto. Además, la deuda pública ha pasado del 114% del PIB en 2020 al 117% este año. La evolución no representa un deterioro explosivo, pero llega en un momento en el que los inversores reclaman señales claras de disciplina presupuestaria.
El Gobierno francés debe presentar un nuevo presupuesto a finales de septiembre y no cuenta con una mayoría cómoda para sacarlo adelante. Esa situación complica la aprobación de recortes que podrían resultar políticamente costosos. Los precedentes recientes pesan sobre el mercado: gobiernos franceses anteriores cayeron en 2024 y 2025 tras enfrentamientos relacionados con los presupuestos.
El riesgo político adquiere una dimensión adicional por el escenario que dibujan las encuestas. La extrema izquierda y la extrema derecha podrían enfrentarse en la segunda vuelta de las próximas presidenciales. Para los inversores, una eventual contienda entre ambos bloques genera incertidumbre porque los dos podrían mostrarse menos favorables a la disciplina fiscal y a las reformas.
Italia mejora su posición relativa
Italia ha avanzado en la dirección opuesta. Su deuda pública ha descendido del 154% del PIB en 2020 al 139% este año y el país registra ya un superávit primario: el Estado ingresa más de lo que gasta antes de contabilizar los intereses de la deuda.
El déficit también se ha reducido de forma notable durante el mandato de la primera ministra Giorgia Meloni. Pasó del 8% en 2022 a situarse ligeramente por encima del 3% el año pasado. Este ajuste ha sido bien recibido por los inversores en bonos.
Italia continúa expuesta, especialmente ante una eventual subida de los precios de la energía. Aun así, la combinación de estabilidad política y disciplina presupuestaria ha mejorado su percepción internacional. Parte de los inversores está reduciendo su exposición a los bonos franceses y trasladando capital hacia Italia, una señal de que la jerarquía de riesgos dentro de la zona euro también puede cambiar cuando se deterioran las cuentas públicas y aumenta la incertidumbre política.











