La inflación en España se aceleró con fuerza en agosto hasta el 4,5% interanual, su nivel más alto desde 2023, según los datos recogidos en la fuente. El repunte sitúa el crecimiento de los precios por encima del doble del objetivo del 2% del Banco Central Europeo (BCE) y refuerza las expectativas de que la institución vuelva a subir los tipos de interés en septiembre.
El principal factor detrás de la subida es el encarecimiento de la energía, vinculado a la persistencia de la guerra en Oriente Medio. El impacto también se ha dejado notar en Francia, donde la inflación alcanzó el 2,7%, su nivel más elevado desde mayo. La evolución de ambos países anticipa una nueva presión sobre el conjunto de la zona euro, cuyo dato se conocerá la próxima semana.
La energía vuelve a presionar los precios
El repunte español resulta especialmente destacado porque coincide con un crecimiento económico descrito como el más sólido entre las grandes economías del euro. La subida de los costes energéticos, sin embargo, está trasladándose de nuevo a la inflación y complica el escenario para las familias, las empresas y el banco central.
El Gobierno español trata de contener parte del impacto. En marzo anunció un paquete de ayudas de 5.000 millones de euros relacionado con la guerra con Irán, que incluye, entre otras medidas, rebajas fiscales sobre la energía. Estas medidas continúan vigentes, aunque su alcance es ahora menor que cuando fueron aprobadas.
En Francia, la energía también está empujando al alza los precios. El país afronta además una fuerte revisión a la baja del crecimiento económico correspondiente al primer semestre de 2026, según la información disponible.
Las previsiones apuntan a que la inflación de los 21 países que comparten el euro superará el 3%. También han aumentado las señales de persistencia de las presiones inflacionistas. Los consumidores esperaban en agosto una inflación claramente más elevada durante los próximos doce meses, mientras que las empresas anticipaban que seguirían incrementando sus precios a un ritmo relativamente alto.
El mercado descuenta una subida de 25 puntos básicos
Con este contexto, los inversores ya descuentan por completo una subida de 0,25 puntos porcentuales en la reunión de septiembre. Si se confirma, la facilidad de depósito del BCE subiría hasta el 2,5%. Sería el segundo incremento de los tipos desde junio.
La consejera del BCE Isabel Schnabel advirtió esta semana de que podrían ser necesarios tipos más altos para impedir que la inflación provocada por la guerra con Irán se extienda al conjunto de la economía. Dentro del banco central ya se debate incluso si un nivel del 2,5% sería suficiente para devolver la inflación al objetivo del 2%.
En la reunión de julio, los responsables de política monetaria analizaron la posibilidad de aplicar una política de tipos ligeramente restrictiva. Esa orientación podría llevar los tipos por encima del 2,5%, aunque la decisión dependerá de la evolución de los precios y de la economía.
“No se debe dar a la inflación la oportunidad de enquistarse”, afirmó el viernes el consejero del BCE Martins Kazaks. En su opinión, una subida de los tipos es una vía para reducir ese riesgo.
La trayectoria posterior dependerá de la zona euro
Para septiembre, la dirección parece clara. Paul Hollingsworth, de BNP Paribas Markets 360, considera que un aumento de los tipos el próximo mes es ya “prácticamente seguro”. La incertidumbre se concentra en lo que pueda ocurrir después.
Los mercados financieros contemplan otra subida antes de la primavera de 2027, pero esa expectativa estará condicionada por los próximos datos de inflación. En particular, será relevante la cifra del conjunto de la zona euro que se publicará la próxima semana. Si el índice supera claramente el 3%, el BCE dispondrá de más argumentos para prolongar el endurecimiento de su política monetaria.










