La rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a 30 años ha vuelto al 5,27%, prácticamente el mismo nivel que registraba antes de que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunciara una ampliación del programa de recompra de deuda pública. El repunte ha deshecho buena parte del alivio inicial en el mercado y devuelve la presión sobre los costes de financiación de Estados Unidos.
La subida continuó el miércoles por la mañana, cuando el rendimiento del bono llegó a situarse cerca del 5,29%. Con ese movimiento, la deuda a largo plazo vuelve a aproximarse a su nivel más alto en diecinueve años. El avance refleja la resistencia de los inversores a seguir comprando bonos sin exigir una compensación mayor, especialmente en los vencimientos más largos.
El mercado no sostiene la caída de las rentabilidades
Bessent anunció el 19 de agosto que el Departamento del Tesoro ampliaría de forma significativa su programa de recompra de bonos públicos. La medida pretendía calmar el mercado y reducir las rentabilidades a largo plazo. En un primer momento, el anuncio provocó una caída importante de los rendimientos, pero el efecto se ha disipado desde entonces.
Mark Cabana, responsable de estrategia de tipos en Estados Unidos de Bank of America, considera que el mercado de bonos no consigue mantener una bajada firme de las rentabilidades. A su juicio, los inversores están reclamando una prima mayor por mantener deuda pública, sobre todo en los tramos largos de la curva.
El movimiento también ha alcanzado al bono estadounidense a diez años, una referencia que influye en numerosos costes de financiación de la economía. Su rentabilidad ronda el 4,8%, el nivel más elevado desde enero de 2025 y más de 0,10 puntos porcentuales por encima del registro previo a la intervención de Bessent. La referencia se traslada, entre otros productos, a las hipotecas y a los préstamos para empresas.
Más presión sobre la Reserva Federal
La deuda a dos años, más sensible a las expectativas sobre la política monetaria, subió el martes hasta alrededor del 4,40%. El repunte ha reforzado la apuesta del mercado por una posible subida de los tipos de interés de la Reserva Federal este mes. Los inversores asignan ahora una probabilidad cercana al 70% a ese escenario, que supondría el primer aumento desde 2023.
La inflación sigue siendo el principal foco de preocupación. El encarecimiento del petróleo derivado de la guerra con Irán podría añadir presión a los precios, mientras que el elevado gasto público estadounidense, las rebajas fiscales y las grandes inversiones —incluidas las relacionadas con la inteligencia artificial— alimentan las dudas sobre la evolución de la deuda y la inflación.
La tensión no se limita a Estados Unidos. La rentabilidad del bono alemán a 30 años alcanzó su nivel más alto desde 2011, mientras que en Reino Unido el rendimiento de los bonos públicos comparables llegó al máximo desde 1998.
La intervención de Bessent aún no ha comenzado
El repunte no implica necesariamente que el plan del Tesoro no vaya a tener ningún efecto. El programa ampliado de recompra comenzará el 9 de septiembre y todavía no se conoce cuánta deuda comprará finalmente el Gobierno. Por ahora, solo se ha indicado que el tamaño de las operaciones se duplicará como mínimo.
El propio Bessent ha reconocido que no puede imponer una dirección concreta a los tipos de interés. Su objetivo, explicó el martes a Newsmax, es moderar los movimientos bruscos del mercado más que modificar el nivel de equilibrio de las rentabilidades.
Dan Morehead, fundador de Pantera Capital, sostiene una interpretación más crítica y afirma que la estrategia podría haber resultado contraproducente. En declaraciones a Bloomberg TV, comparó la actuación con un farol que deja de funcionar cuando el resto del mercado sabe que lo es. La evolución de los bonos muestra, en cualquier caso, la dificultad de abaratar la financiación mientras persisten las dudas sobre el gasto público, la inflación y la política monetaria.










