Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia (NVDA), calcula que la inteligencia artificial física y los robots humanoides podrían dar lugar a un mercado de unos 50 billones de dólares. La previsión apunta a una nueva fase de expansión para la IA, más allá de los centros de datos y la inteligencia artificial generativa, y pone el foco en una cadena industrial que incluye desde chips hasta motores, sensores e imanes.
El tamaño estimado por Huang sigue siendo una proyección muy ambiciosa y no existe certeza de que llegue a materializarse. Aun así, la eventual fabricación a gran escala de robots humanoides abriría oportunidades para compañías situadas en distintos puntos de la cadena de suministro. Estas son cinco referencias del sector, entre acciones y un fondo cotizado, que pueden seguirse en este contexto.
Componentes para dar movimiento a los robots
Moog (MOG) ocupa una posición vinculada al movimiento de precisión. La compañía fabrica sistemas y actuadores, dispositivos que transforman la energía eléctrica en movimiento y que, en un robot, cumplen una función comparable a la de los músculos. Un humanoide puede necesitar decenas de estos componentes.
Moog parte además de una experiencia consolidada en los sectores aeroespacial, de defensa y de automatización industrial. El mercado ha recogido parte de ese potencial: sus acciones subieron más de un 86% en el último año, según la información de referencia.
En una fase anterior de la cadena se encuentra MP Materials (MP), productor de tierras raras como el neodimio y el praseodimio. Estos materiales se utilizan en la fabricación de imanes permanentes de alta potencia, necesarios para motores eléctricos y articulaciones robóticas. Si la producción de humanoides alcanza millones de unidades, la demanda de estas materias primas podría crecer de forma significativa. Por ahora, la evolución bursátil refleja menos entusiasmo: la acción cae alrededor de un 25% en lo que va de año.
Empresas que ya aplican la robótica
Symbotic (SYM) ofrece una exposición más directa a usos actuales de la IA física. La empresa automatiza almacenes y centros de distribución, incluidos los de Walmart, mediante robots autónomos capaces de desplazar mercancías a gran velocidad. Su actividad muestra que la robotización no depende únicamente de una expectativa futura: Symbotic ya genera ingresos con estos sistemas.
El comportamiento de la acción, sin embargo, ha sido negativo en el último año, con una caída acumulada de alrededor del 19%. La evolución bursátil no elimina el desarrollo operativo de la compañía, pero sí refleja que la expectativa sobre el sector no se traduce de forma uniforme en el mercado.
Otra vía de exposición es el KraneShares Global Humanoid Robotics and Physical AI ETF (KOID). No se trata de una acción individual, sino de un fondo cotizado que invierte en varias compañías relacionadas con la robótica, incluidos proveedores de actuadores, sensores, sistemas mecánicos y materias primas. MP Materials figura entre sus mayores posiciones. El fondo sube alrededor de un 19% en el último año.
Nvidia busca aportar la capacidad de procesamiento
Nvidia también podría desempeñar un papel central si la robótica humanoide se implanta a gran escala. La compañía suministra chips y sistemas de inteligencia artificial destinados a que las máquinas perciban su entorno, procesen información y tomen decisiones. De este modo, su posible exposición al mercado robótico se añadiría a la demanda actual de infraestructura para IA.
La tesis de Huang no se limita a los fabricantes de procesadores. Un ecosistema robótico desarrollado necesitaría también motores, imanes, sensores y otros elementos físicos. Esa amplitud explica por qué el eventual crecimiento de la IA física podría repartirse entre numerosas empresas. La incógnita principal sigue siendo la magnitud y la velocidad de esa adopción: los 50 billones de dólares son una previsión del consejero delegado de Nvidia, no un tamaño de mercado garantizado.









