Ucrania atacó durante la pasada noche instalaciones de procesamiento de petróleo en la región rusa de Perm y en la república de Tartaristán, según confirmó el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. La ofensiva amplía el radio de acción de Kiev contra la infraestructura energética rusa y llega en un momento en el que Moscú produce menos gasolina y diésel y mantiene restringidas las exportaciones de ambos combustibles.
Dos objetivos en zonas clave de la industria petrolera rusa
Zelenski señaló el lunes que Ucrania empleó armas de largo alcance contra instalaciones situadas en Perm y Tartaristán, aunque no ofreció detalles sobre la magnitud de los daños. El ataque en Perm destaca por la distancia: la región se encuentra a unos 1.500 kilómetros al este de Moscú.
En esa zona opera una refinería de Lukoil con capacidad para procesar alrededor de 260.000 barriles de petróleo diarios. Tartaristán, por su parte, concentra varias grandes refinerías y plantas petroquímicas. Entre ellas figuran Taneco, propiedad de Tatneft, con una capacidad aproximada de 300.000 barriles diarios, y TAIF-NK, que puede procesar otros 145.000 barriles al día.
El gobernador de Perm, Dmitri Majonin, afirmó que durante la noche fueron derribados 27 drones sobre la región y añadió que un edificio residencial resultó dañado. El Ministerio de Defensa ruso también comunicó la interceptación de drones sobre Tartaristán. La información disponible no precisa si las instalaciones petroleras sufrieron daños operativos concretos.
Menos producción y límites a las exportaciones
Los ataques contra refinerías han empezado a afectar de forma más visible a la producción rusa de combustibles. Los daños acumulados han reducido la fabricación de gasolina y diésel, lo que llevó a Moscú a imponer restricciones temporales a las exportaciones.
En el caso del diésel, las limitaciones aplicadas a los productores estarán vigentes, por ahora, hasta finales de septiembre. El vice primer ministro ruso, Alexander Novak, afirmó que solo se levantarán cuando las reservas internas se hayan recuperado lo suficiente.
La duración de las reparaciones será otro factor relevante. Vagit Alekperov, accionista de referencia de Lukoil, declaró el domingo que normalmente hacen falta entre dos y tres semanas para restaurar una refinería después de un ataque con drones. Ese plazo puede traducirse en una menor disponibilidad de productos incluso después de que cesen los ataques.
La ofensiva se reanudó el domingo, después de una pausa de cuatro días. En esa jornada fue alcanzada la gran refinería de Riazán. El ataque se produjo poco después de la reunión en Moscú entre el presidente ruso, Vladímir Putin, y los enviados estadounidenses Jared Kushner y Steve Witkoff. Posteriormente, ambos viajaron a Kiev para conversar con Zelenski.
Presión adicional sobre el mercado internacional
El impacto de la menor producción rusa no se limita al mercado doméstico. Las restricciones a la exportación añaden tensión al mercado internacional del diésel, que ya afrontaba presión por la guerra en Oriente Medio.
En Estados Unidos, el precio del diésel alcanzó la semana pasada un máximo histórico. El encarecimiento preocupa también por su posible efecto sobre la inflación, ya que el combustible repercute directamente en los costes del transporte de mercancías.
Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, citó la semana pasada los ataques ucranianos contra instalaciones energéticas rusas entre las causas del aumento de los precios mundiales de la energía. Las nuevas operaciones contra Perm y Tartaristán mantienen así el foco sobre la capacidad de Ucrania para golpear objetivos situados en el interior de Rusia y sobre las consecuencias que esas interrupciones pueden tener en el suministro de combustibles.










