La recuperación económica que Alemania esperaba tras anunciar un paquete de inversión pública de 500.000 millones de euros pierde impulso. El avance electoral de la AfD en Sajonia-Anhalt, el repunte del precio del gas y la falta de inversiones visibles han devuelto la cautela a los inversores, pese a que la bolsa alemana mantiene ganancias en el año.
El gasto público todavía no se traduce en crecimiento
El anuncio del plan de inversión elevó con fuerza las expectativas sobre la economía alemana. En 2025, el MDAX avanzó alrededor de un 20%, mientras que una cesta de acciones de UBS formada por empresas potencialmente beneficiarias del gasto llegó a subir un 65%.
El escenario ha cambiado este año. El MDAX apenas gana un 5,7%, por debajo del 6,4% del DAX. La diferencia refleja, en parte, la decepción ante el destino que está teniendo la nueva deuda. Según el instituto alemán Ifo, el 95% de la deuda adicional reservada el año pasado para aumentar el gasto se utilizó para cubrir agujeros del presupuesto ordinario, en lugar de financiar nuevos proyectos.
Los inversores esperaban que el dinero se dirigiera a carreteras, ferrocarriles, redes eléctricas y otras infraestructuras. Por ahora, ese desembolso no ha generado un impulso económico comparable a las expectativas iniciales.
Las previsiones tampoco apuntan a una recuperación especialmente intensa. Los economistas consultados por Bloomberg calculan un crecimiento del 0,9% este año y del 1,1% en 2027. Las cifras mejorarían el comportamiento prácticamente estancado de los dos últimos ejercicios, pero siguen lejos de una expansión sólida.
La AfD eleva la incertidumbre política
La situación política añade otro foco de preocupación. La AfD obtuvo el 44% de los votos en las elecciones de Sajonia-Anhalt celebradas el domingo, su mejor resultado hasta la fecha en unos comicios regionales, y se quedó cerca de la mayoría absoluta.
El resultado llega cuando el canciller Friedrich Merz afronta una baja valoración pública. Solo el 15% de los encuestados se declaró satisfecho con su gestión en una encuesta reciente. Además, en las próximas dos semanas están previstas otras dos elecciones regionales, cuyos resultados podrían aumentar la presión sobre el Gobierno.
Morgan Stanley considera reducido el riesgo de una ruptura de la coalición, aunque advierte de que un resultado muy débil para Merz podría abrir un debate sobre su liderazgo. UniCredit, por su parte, espera más tensión política, pero no una parálisis del proceso de decisión en Berlín. El paquete de inversión sigue en pie y cualquier modificación relevante requiere una mayoría de dos tercios.
El gas vuelve a presionar a la industria
El repunte de los precios energéticos complica aún más el panorama. El gas europeo ronda los 75 euros por megavatio hora, el nivel más alto desde enero de 2023 y más del doble que a comienzos de este año. Las guerras y los problemas relacionados con el estrecho de Ormuz aumentan la vulnerabilidad de Alemania ante nuevas subidas.
El encarecimiento afecta a los hogares, pero golpea especialmente a la industria intensiva en energía y al sector automovilístico. Volkswagen salió este mes del Euro Stoxx 50. En Stuttgart, sede de Mercedes-Benz y Porsche, la presión ya se refleja en las cuentas públicas: la ciudad prevé recaudar en 2026 solo 700 millones de euros por impuestos empresariales, frente a los más de 1.600 millones de 2023. Como consecuencia, ha aprobado su primer presupuesto de recortes desde 2009.
No todos los segmentos evolucionan de forma desfavorable. Las compañías alemanas vinculadas a la inteligencia artificial y a las inversiones en redes eléctricas muestran un comportamiento relativamente resistente. Además, la deuda pública equivale aproximadamente al 64% del producto interior bruto, un nivel inferior al de muchas otras grandes economías.
El reto para los mercados está en el calendario. Alemania prevé emitir más de 200.000 millones de euros de nueva deuda solo en 2027, mientras los tipos de interés aumentan. Ese gasto podría terminar impulsando la economía, pero entretanto el país debe afrontar energía cara, incertidumbre política y una industria bajo presión. El DAX, además, no refleja necesariamente toda la debilidad interna: muchas de sus grandes empresas generan una parte considerable de sus ingresos fuera de Alemania.










