La deuda pública de Estados Unidos empieza a competir por el mismo capital que necesitan las empresas de inteligencia artificial. Ruchir Sharma, presidente de Rockefeller International, sostiene en un artículo de opinión publicado en Financial Times que el deterioro de las cuentas públicas puede dejar de ser un problema abstracto y empezar a afectar al auge de la IA, especialmente si la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años supera de forma clara el 5%.
El bono a 10 años como referencia para el coste del dinero
La rentabilidad del Treasury a 10 años ronda actualmente el 4,8%, según la información de referencia. Sharma sitúa en el umbral del 5% un posible cambio de etapa: una fase de dinero más escaso y financiación más cara para empresas, consumidores y administraciones.
Ese vencimiento tiene un peso especial porque actúa como referencia internacional para la financiación a largo plazo. Cuando su rentabilidad aumenta, también tiende a elevarse el coste exigido a otros prestatarios. El efecto es especialmente relevante para las compañías vinculadas a la inteligencia artificial, que están destinando grandes cantidades a centros de datos, chips y suministro energético.
La magnitud de esas inversiones ayuda a explicar la vulnerabilidad del sector. De acuerdo con Sharma, los ingresos anuales asociados al uso de la IA se sitúan en torno a los 200.000 millones de dólares, mientras que las empresas están comprometiendo más de 1 billón de dólares en infraestructura. La diferencia entre ambas cifras debe cubrirse con financiación, y los tipos más altos dificultan ese proceso.
El Estado puede desplazar a las empresas tecnológicas
La tesis de Sharma se aparta del patrón habitual de las burbujas financieras. En muchos episodios, el endeudamiento excesivo se concentra en empresas y hogares que apuestan por un sector de moda. Cuando suben los tipos, la carga financiera se vuelve insostenible y la inversión se frena.
En el caso actual, el principal acumulador de deuda sería el Estado estadounidense. Estados Unidos lleva años registrando déficits presupuestarios cercanos al 6% del PIB, incluso en periodos favorables. Al mismo tiempo, el coste de los intereses de la deuda pública se ha más que duplicado en cinco años y ya supera el 3% del PIB.
Si el Gobierno tuviera que ofrecer más de un 5% por sus bonos, competiría de manera más directa con las grandes tecnológicas por el dinero de los inversores. La deuda soberana pasaría a ofrecer una rentabilidad atractiva con un riesgo percibido menor que el de muchos proyectos de IA. En ese entorno, las iniciativas más ambiciosas o con un horizonte de retorno más lejano podrían resultar menos convincentes para el mercado.
Una situación distinta a la de los años noventa
Algunos analistas interpretan una rentabilidad del Treasury a 10 años por encima del 5% como un retorno a las condiciones de los años noventa. En aquella década, la economía estadounidense crecía con fuerza y los mercados bursátiles avanzaban.
Sharma considera que la comparación es incompleta. Estados Unidos terminó los años noventa con superávits presupuestarios, mientras que ahora la deuda pública equivale aproximadamente al 100% del PIB y el peso de los intereses es mucho mayor. Por esa razón, sostiene que un nivel similar de tipos puede generar hoy un impacto considerablemente más intenso.
Las advertencias sobre la deuda estadounidense se han repetido durante décadas sin impedir la fortaleza del dólar ni la subida de los mercados financieros. La diferencia, según el análisis de Sharma, es que el coste de financiación puede estar empezando a convertir ese riesgo acumulado en un factor relevante para uno de los sectores que más capital demanda: la inteligencia artificial.










