La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años se situó justo por debajo del 4,86% tras el anuncio de una recompra de deuda pública por 6.000 millones de dólares impulsada por el Departamento del Tesoro. El rendimiento alcanzó así su nivel más alto desde finales de 2023, en una reacción que refleja la decepción de los inversores ante una operación inferior a sus expectativas.
Una recompra menor de lo que esperaba el mercado
La cifra comunicada por el Tesoro superaba el compromiso previo de recomprar al menos 4.000 millones de dólares en bonos a largo plazo. Sin embargo, Wall Street había calculado un volumen de entre 8.000 y 10.000 millones. En ese contexto, los 6.000 millones fueron interpretados como una medida insuficiente para contener la presión sobre la deuda estadounidense.
Tras conocerse el anuncio, las rentabilidades de los bonos del Tesoro subieron en varios tramos de la curva. Además del bono a 10 años, también aumentaron los rendimientos de las referencias a 20 y 30 años. El movimiento resulta especialmente relevante porque los tipos a largo plazo se han convertido en uno de los principales focos de tensión para los mercados.
Estas rentabilidades influyen en el coste de las hipotecas, en la financiación de las empresas y en la valoración de las acciones. Cuando suben, el dinero se encarece y aumenta la presión sobre los activos financieros cuya valoración depende de unos tipos más bajos.
El objetivo de Bessent y los límites de la medida
La estrategia asociada a Scott Bessent busca frenar el repunte de los tipos largos mediante recompras de deuda. En este tipo de operaciones, el Tesoro adquiere bonos antiguos y menos líquidos para sustituirlos, en la práctica, por emisiones más recientes. El propósito es mejorar el funcionamiento del mercado y limitar movimientos excesivos en los precios.
El mercado, no obstante, duda de que la operación pueda aliviar por sí sola la presión de fondo. Las recompras pueden ofrecer apoyo temporal a la liquidez, pero no modifican la trayectoria de la deuda pública ni el déficit presupuestario de Estados Unidos.
La economía estadounidense mantiene su solidez, mientras que la guerra con Irán mantiene las preocupaciones sobre la inflación. Al mismo tiempo, el Gobierno continúa endeudándose a gran escala y debe colocar cada vez más bonos en un mercado que ya muestra señales de nerviosismo. Por eso, algunos inversores consideran que la estrategia funciona sobre todo como una maniobra financiera capaz de aliviar los síntomas, pero no de resolver el problema estructural.
La subasta a 10 años ofrece un alivio limitado
Las rentabilidades retrocedieron ligeramente más tarde, después de una subasta de 39.000 millones de dólares en bonos del Tesoro a 10 años. La operación recibió una demanda sólida, en parte porque los inversores aprovecharon los niveles de rentabilidad alcanzados por la deuda.
Los títulos se adjudicaron con un rendimiento del 4,834%, por encima del registrado en la subasta anterior de agosto. El resultado confirma que sigue existiendo demanda para la deuda estadounidense, aunque los compradores exigen tipos claramente más elevados. El apoyo de la subasta fue, por tanto, limitado y no alteró la presión que mantiene al bono a 10 años cerca del 4,86%.










