La Casa Blanca contempla que la guerra entre Estados Unidos e Irán pueda prolongarse hasta enero de 2029, el final del actual mandato presidencial de Donald Trump. La posibilidad, recogida por The Wall Street Journal, contrasta con la previsión pública del presidente estadounidense, que espera que el conflicto termine poco después de las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre.
La advertencia llega en un momento de creciente tensión militar y económica. Un alto cargo iraní citado por Bloomberg ha asegurado que Teherán está dispuesto a intensificar la guerra si Washington mantiene los ataques contra territorio iraní y contra infraestructuras consideradas clave. Según esa fuente, Irán tampoco tiene intención de ceder ante el bloqueo naval estadounidense ni ante las operaciones contra sus petroleros.
Irán dice que puede sostener una guerra prolongada
El conflicto dura ya casi siete meses y no muestra señales claras de desescalada. El funcionario iraní sostiene que el país ha logrado reconstruir su capacidad militar desde los combates más intensos de abril y que dispone de misiles suficientes para mantener una guerra de larga duración.
La posición de Teherán se basa, según el mismo responsable, en una consideración de supervivencia política y nacional. Los dirigentes iraníes percibirían la guerra como una amenaza directa para el régimen y para el país, por lo que no contemplarían muchas alternativas a continuar con los combates.
El tono de las autoridades iraníes también se ha endurecido. Mohsen Rezaee, el nuevo jefe de seguridad del país, afirmó esta semana que la postura frente a los buques y las bases militares estadounidenses había cambiado “de forma fundamental”. Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento, señaló por su parte que había quedado atrás la etapa en la que Irán respondía a cada ataque con una represalia equivalente. Sus palabras apuntan a posibles respuestas más contundentes en futuras operaciones.
El petróleo supera los 100 dólares y aumenta la presión
La nueva escalada se produjo después de varios ataques cruzados. Estados Unidos afirmó que uno de sus buques de guerra tuvo que esquivar durante la noche una ofensiva iraní y, posteriormente, destruyó cinco petroleros iraníes. Teherán respondió con el lanzamiento de alrededor de veinte misiles contra una base aérea jordana utilizada por tropas estadounidenses.
El enfrentamiento ya está afectando de forma directa al mercado energético. El precio del Brent superó el miércoles los 100 dólares por barril y acumula una subida cercana al 65% en lo que va de año. En Estados Unidos, el diésel alcanzó además un récord la semana pasada.
El impacto sobre la economía iraní es especialmente severo. El bloqueo estadounidense ha reducido sus exportaciones de petróleo y dificulta el acceso a numerosos productos importados esenciales. Bloomberg sitúa la inflación del país cerca del 90%, mientras el rial pierde valor con rapidez. Pese a ese deterioro, el funcionario citado por la agencia sostiene que Teherán no tiene previsto dar marcha atrás.
Trump confía en un final tras las elecciones
La evolución del conflicto añade presión a Trump antes de las elecciones de mitad de mandato, previstas para el 3 de noviembre. El encarecimiento de la energía está elevando el coste que soportan los hogares estadounidenses, un factor especialmente sensible para la Administración.
El presidente mantiene, sin embargo, una visión más optimista. “Creo que la guerra terminará inmediatamente después de las elecciones, porque no pueden aguantar mucho más”, declaró el miércoles. Dentro de su propio Gobierno existirían dudas sobre ese calendario. De acuerdo con The Wall Street Journal, el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio se encuentran entre los altos cargos que valoran un escenario en el que Irán no ceda y la guerra se prolongue hasta el final del mandato de Trump, en enero de 2029.











