Donald Trump asegura que volvería a ordenar la intervención militar contra Irán si tuviera que decidirlo de nuevo. En una entrevista con Fox News, el presidente estadounidense defendió que la operación era necesaria para impedir que Teherán desarrollara un arma nuclear, aunque sus declaraciones refuerzan la percepción de que el conflicto puede prolongarse más de lo que Washington había anticipado.
El mensaje llega en un momento especialmente sensible para los mercados. Los inversores empiezan a asumir que la guerra no terminará pronto, mientras la Casa Blanca trata de mantener la presión militar y económica sobre Irán. La duración del conflicto se ha convertido así en una variable central para el petróleo, la inflación y la política monetaria de Estados Unidos.
Trump asume el coste político de la intervención
El presidente estadounidense afirmó que haría “exactamente lo mismo” si volviera a encontrarse ante la misma decisión. Con ello no solo ratifica su estrategia frente a Irán, sino que también acepta el riesgo político de defenderla ante las elecciones de mitad de mandato.
Trump mantiene que la guerra se resolverá después de esos comicios y ha insistido en que, a partir de entonces, los precios del petróleo y del gas descenderán. Sin embargo, esa previsión contrasta con las advertencias que, según CNBC, algunos asesores de alto nivel de la Casa Blanca le habrían trasladado: el conflicto podría extenderse más allá de su actual mandato.
El propio presidente reconoce que desconoce cuánto tiempo podrá seguir resistiendo Irán, aunque mantiene que la cuestión se resolverá después de las elecciones. La diferencia entre esa promesa y los escenarios que manejan algunos miembros de su Administración alimenta la incertidumbre entre los inversores.
Más presión económica sobre Irán
Washington también prepara nuevas medidas para limitar el acceso de Irán a la financiación internacional. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció que el lunes se impondrían sanciones contra “un gran banco”. La fuente señala además que ya se habrían cerrado sucursales en Dubái de una entidad egipcia, acusada por el Gobierno estadounidense de facilitar fondos a Irán.
La presión habría alcanzado igualmente a un gran banco turco. La estrategia estadounidense combina así la ofensiva militar con el aislamiento financiero, con el objetivo de restringir los recursos disponibles para Teherán. El alcance y la duración de esas medidas pueden convertirse en otro factor relevante para valorar la evolución del conflicto.
El petróleo complica el trabajo de la Reserva Federal
Para los mercados, el principal canal de transmisión sigue siendo la energía. Mientras continúe la guerra, la prima geopolítica permanecerá incorporada al precio del petróleo. El Brent volvió a situarse por encima de los 100 dólares por barril, según la información citada en la fuente, mientras los inversores se preparan para nuevos datos de inflación y para una decisión de tipos de la Reserva Federal.
Un coste energético elevado mantiene la presión sobre los precios y reduce el margen de maniobra de la Fed. Si la inflación permanece alta, al banco central le resultará más difícil justificar que no eleve los tipos de interés. Pero unas condiciones monetarias más restrictivas también castigan al consumidor estadounidense, al mercado inmobiliario y a las empresas que dependen de una financiación barata.
Ese es el dilema que plantea ahora el conflicto: la guerra puede intensificar la inflación justo cuando la economía estadounidense es más vulnerable al impacto de unos tipos elevados. Por eso, incluso sin nuevas operaciones militares, la posibilidad de una guerra prolongada mantiene abierto el riesgo para el petróleo, la deuda y la renta variable de Wall Street.










