Una interrupción grave del comercio a través del estrecho de Ormuz podría afectar especialmente a las microempresas y a las pequeñas y medianas empresas de todo el mundo. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) advierte de que el impacto no se limitaría al encarecimiento inmediato de la energía y el transporte: algunas compañías podrían quedar excluidas de forma permanente de las cadenas internacionales de suministro.
Menos margen para absorber el encarecimiento
El estrecho de Ormuz es una ruta esencial para el comercio internacional de energía. Cualquier perturbación en esa vía puede elevar los costes energéticos y logísticos, una presión que las empresas de menor tamaño soportan con más dificultad que las grandes compañías.
La razón está, en parte, en su menor capacidad para diversificar proveedores, mercados de venta y fuentes de financiación. Además, parten de una posición más desfavorable en varios de sus costes operativos. En los países en desarrollo, las pequeñas y medianas empresas destinan de media el 19,4% del valor de sus importaciones a costes aduaneros, pagos a intermediarios y otras obligaciones. En las grandes compañías, ese porcentaje es del 14,7%.
La energía también pesa más en sus cuentas. Una cuarta parte de las pequeñas empresas de los países en desarrollo dedica más del 4,2% de sus ingresos a la electricidad, frente al 3,7% registrado entre las grandes empresas.
El acceso al crédito constituye otro factor de vulnerabilidad. Casi la mitad de las pequeñas empresas considera que la financiación es un obstáculo, frente al 38% de las compañías de mayor tamaño. El coste medio de esa financiación ronda además el 15,8% para las primeras, mientras que se sitúa en el 10,3% para las grandes.
El riesgo de no regresar a las cadenas globales
Para la UNCTAD, la combinación de energía, transporte y financiación más caros puede reducir los márgenes hasta obligar a algunas empresas a recortar producción, aplazar inversiones o cerrar. El problema no terminaría necesariamente cuando se normalizara el comercio.
El organismo de Naciones Unidas alerta de un posible “efecto de exclusión”: las empresas que pierden clientes, proveedores o acceso a financiación durante una crisis pueden ser sustituidas de forma definitiva por competidores de mayor tamaño. En ese escenario, el volumen total del comercio podría recuperarse sin que lo hicieran las pequeñas compañías ni su cuota de mercado.
La experiencia de la pandemia de coronavirus sirve como referencia para la desigual distribución de los daños. Durante ese periodo, el 88% de las pequeñas empresas de los países en desarrollo registró una caída de sus ingresos, frente al 81% de las grandes. La disminución media también fue más intensa entre las primeras: del 57%, frente al 47% en las compañías de mayor tamaño.
La financiación comercial, una pieza clave
Las microempresas y las pymes representan alrededor del 90% de las compañías del mundo. También generan el 70% del empleo y cerca de la mitad del producto interior bruto global. Por eso, la UNCTAD reclama que los gobiernos no evalúen una crisis únicamente a partir del volumen total de comercio o de la facturación agregada.
El organismo pide vigilar si las empresas pequeñas conservan el acceso a sus mercados y garantizar recursos como la financiación comercial, la liquidez y el capital circulante. El objetivo es evitar que una perturbación temporal de los costes termine expulsándolas de forma permanente de las cadenas internacionales.
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha subrayado el papel de estas compañías en la creación de empleo. Según la advertencia recogida por la UNCTAD, una desaparición amplia de empresas de menor tamaño tendría efectos más allá del comercio: podría elevar el desempleo, reducir los ingresos de los hogares y aumentar la presión sobre los colectivos más vulnerables.










