Un fallo de enrutamiento en la infraestructura de Teraswitch dejó sin conexión a validadores que representaban casi el 29% del stake de Solana el 12 de agosto. La cadena siguió produciendo bloques, pero la caída redujo con fuerza el procesamiento de transacciones, elevó el número de turnos de producción perdidos y retrasó durante aproximadamente media hora la finalización de nuevos bloques.
Los datos proceden de un informe de la Fundación Solana publicado el 14 de septiembre y han sido contrastados en términos generales por Metrika, una firma independiente de monitorización de riesgos en redes blockchain. El episodio no llegó a detener por completo la producción de bloques, aunque dejó a la red operando con un margen estrecho para mantener la finalización del consenso.
Un error de configuración afectó a 12 centros de datos
El incidente se originó en Teraswitch, que la Fundación Solana describe como el mayor proveedor de infraestructura de la red. Según el análisis posterior de la compañía, un enrutador perimetral situado en Miami conservaba una ruta predeterminada obsoleta. Un mantenimiento rutinario de los proveedores de tránsito activó esa ruta, mientras que unos valores intercambiados en una política de enrutamiento aplicaron una instrucción de “no exportar” hacia Europa y Asia-Pacífico.
En la práctica, la ruta defectuosa se propagó por la red de Teraswitch e impidió que varios centros de datos accedieran a Internet a través de sus enrutadores locales operativos. Doce instalaciones de Europa y Asia-Pacífico perdieron tanto la conectividad externa como la comunicación entre centros. Entre ellas había infraestructura utilizada por validadores de Solana y nodos RPC, que permiten atender solicitudes de lectura y transacciones de aplicaciones.
Teraswitch indicó en su informe técnico que el tráfico del proveedor se recuperó por completo 33 minutos después de la primera alerta. Ese restablecimiento permitió que el retraso acumulado en la finalización se resolviera, según los datos de Metrika.
La red siguió activa, pero con un rendimiento muy inferior
La monitorización independiente registró un aumento de los turnos omitidos por encima del 32%. Al mismo tiempo, el procesamiento de transacciones que no correspondían a votos cayó por debajo de 300 operaciones por segundo, frente a un intervalo habitual de entre 1.100 y 1.300.
Metrika también observó cerca de media hora durante la que los bloques recién producidos todavía no habían alcanzado la finalización. Ese estado es relevante porque la finalización marca el momento en que las transacciones incluidas en un bloque pasan a considerarse irreversibles dentro del consenso de la red. La producción de bloques continuó, pero los usuarios y sistemas que dependen de una liquidación rápida afrontaron un deterioro sustancial del servicio.
Solana necesita que vote más del 66% del stake para mantener la finalización del consenso. La participación desconectada durante el incidente se situó aproximadamente entre cuatro y cinco puntos porcentuales por debajo del umbral estimado del 33% que habría provocado una interrupción de la finalización, según Metrika. La diferencia explica por qué la red no llegó a paralizarse, aunque sí operó cerca de ese límite.
La concentración de infraestructura vuelve a estar bajo examen
La Fundación señaló que Teraswitch alojaba el 38% del stake de la red en 2025 y que su equipo había reducido esa cuota por debajo del 30% antes del incidente. Ambas cifras no miden exactamente lo mismo: una refleja el stake alojado por el proveedor y la otra, la parte que quedó fuera de servicio. Sin embargo, el episodio mostró cómo validadores gestionados por operadores distintos pueden verse afectados al mismo tiempo cuando comparten un mismo dominio de fallo.
Tras la incidencia, Teraswitch aplicó medidas de refuerzo para impedir que una ruta inválida vuelva a bloquear el acceso de los centros a sus enrutadores locales. La compañía también mantenía en curso controles adicionales sobre las rutas. La diversidad de proveedores y la capacidad para detectar con rapidez este tipo de errores siguen siendo, por tanto, elementos centrales para la resiliencia operativa de Solana.












