Las acciones de SpaceX subieron alrededor de un 5% este miércoles, hasta superar los 151 dólares, después de que la compañía fijara para el 22 de septiembre el decimocuarto vuelo de prueba de Starship. La misión tendrá un objetivo inédito para el programa: intentar que la etapa superior del cohete alcance y mantenga por primera vez una órbita estable alrededor de la Tierra.
El vuelo 14 eleva el listón de Starship
El Flight 14 marcará un cambio respecto a las trece pruebas anteriores. Hasta ahora, SpaceX había utilizado trayectorias suborbitales, una opción que permite que la nave vuelva a entrar en la atmósfera si pierde el control y se dirija hacia una zona previamente definida. Ese perfil también evita que Starship alcance la velocidad necesaria para permanecer en órbita.
En esta ocasión, el cohete comenzará de nuevo con una trayectoria considerada segura, pero la etapa superior podrá realizar un encendido adicional de sus motores si los sistemas responden correctamente. Para mantenerse en una órbita baja terrestre, Starship debe alcanzar, según SpaceX, una velocidad cercana a los 28.000 kilómetros por hora.
La misión partirá de Starbase, en el sur de Texas. Tras el despegue, el propulsor Super Heavy se separará de la nave. Esta primera etapa incorpora 33 motores Raptor y proporciona la mayor parte del empuje inicial. La etapa superior deberá ascender por encima de los 270 kilómetros de altitud y completar aproximadamente seis vueltas alrededor del planeta.
Una prueba de casi diez horas
La duración prevista refleja la complejidad del nuevo intento. Mientras los vuelos anteriores solían prolongarse alrededor de una hora, el Flight 14 podría extenderse durante casi diez. Si el desarrollo de la misión se ajusta a lo previsto, Starship volverá a encender uno de sus motores para abandonar la órbita de forma controlada y terminará aterrizando en el océano Pacífico, al oeste de Chile.
Un resultado satisfactorio permitiría avanzar en varios frentes del proyecto. SpaceX pretende utilizar Starship para transportar grandes satélites y otras cargas al espacio, además de emplearla en la expansión de Starlink. El programa también contempla una maniobra todavía más exigente: acoplar dos naves en órbita terrestre para transferir cientos de toneladas de combustible criogénico.
Esta tecnología sería necesaria para que Starship pueda emprender en el futuro misiones hacia la Luna y Marte. La compañía desarrolla el vehículo como un sistema de transporte completamente reutilizable y Elon Musk ha señalado su intención de utilizarlo en misiones tripuladas a Marte. SpaceX también tiene un contrato con la NASA para una versión adaptada de Starship destinada a transportar astronautas hasta la superficie lunar dentro del programa Artemis.
La cotización reacciona antes del resultado
La fecha concreta del lanzamiento fue recibida con avances en el mercado. Las acciones de SpaceX llegaron a los 151,12 dólares, mientras que otros valores vinculados al sector espacial registraron movimientos más moderados: Rocket Lab subió alrededor de un 0,3% y AST SpaceMobile cerca de un 0,85%. El ETF Procure Space avanzó menos de un 1%.
La diferencia sugiere que el movimiento estuvo relacionado principalmente con las novedades de Starship, más que con una recuperación generalizada de las compañías espaciales. A pesar del repunte del miércoles, la acción acumulaba una caída aproximada del 7% desde la salida a bolsa de SpaceX en junio, según los datos recogidos en la fuente.
El mercado, por tanto, está reaccionando a una expectativa que todavía debe validarse en vuelo. Tras trece pruebas con resultados diversos —algunas terminaron en explosión y otras con una caída controlada al mar—, la misión del 22 de septiembre pondrá a prueba por primera vez la capacidad de Starship para mantenerse en órbita terrestre.







