Las acciones vinculadas a la inteligencia artificial vuelven a impulsar a Wall Street pese a la presión de unos tipos de interés más altos. El Banco de Japón elevó esta mañana el precio del dinero, siguiendo los pasos de la Reserva Federal estadounidense y del Banco Central Europeo, pero los mercados bursátiles cotizan en positivo y los inversores siguen priorizando las perspectivas de crecimiento del sector.
Micron, Nvidia, SK Hynix, Samsung Electronics y ASML registran avances en una sesión en la que las rentabilidades de los bonos se mantienen en niveles máximos de varias décadas. En condiciones normales, ese entorno encarece la financiación y reduce el atractivo relativo de las compañías cuyo valor depende en mayor medida de beneficios futuros. Sin embargo, la fortaleza de los ingresos y de los resultados de las empresas relacionadas con la IA está imponiéndose, al menos por ahora, a ese efecto.
El crecimiento de la IA pesa más que el coste del capital
La tesis que sostiene el mercado es que las compañías de inteligencia artificial pueden soportar unos tipos elevados mientras mantengan el ritmo actual de expansión de sus ingresos y beneficios. El equilibrio cambiaría si la rentabilidad de las inversiones en IA dejara de compensar el mayor coste del capital. En ese escenario, el relato que ha respaldado las cotizaciones podría deteriorarse con rapidez.
De momento, el análisis de referencia considera que ese punto todavía no se ha alcanzado. Los resultados trimestrales de las compañías del sector continúan sorprendiendo positivamente y las inversiones en inteligencia artificial siguen aumentando con fuerza. También permanecen pendientes las posibles salidas a bolsa de Anthropic y OpenAI, dos operaciones que podrían mantener la atención de los inversores sobre el segmento.
A esta dinámica se suma la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China. Según la misma interpretación, el interés de ambas potencias por mantener su posición en la carrera de la IA puede contribuir a que traten de evitar una recesión profunda. Se trata de un factor de contexto, no de una garantía para las valoraciones actuales.
Una comparación con las puntocom todavía limitada
El mercado no está exento de riesgos. La posibilidad de que el ciclo alcista haya alcanzado ya su techo no puede descartarse, y el exceso de inversión podría convertirse en un problema si los proyectos de IA no generan retornos suficientes. La cuestión central será determinar cuándo el gasto en infraestructuras, semiconductores y capacidad de computación deja de traducirse en beneficios sostenibles.
La comparación con la burbuja puntocom de 2000 tampoco resulta, por ahora, plenamente equivalente. Un gráfico de TS Lombard citado en el análisis muestra una diferencia en la relación entre dividendos e inversión de capital. A finales de los años noventa, los dividendos representaban alrededor del 20% de las inversiones de capital de las empresas estadounidenses. En la actualidad, esa proporción se sitúa en torno al 50%, mientras las compañías incrementan con fuerza su gasto inversor.
La lectura es que las grandes empresas que lideran esta fase de inversión cuentan con rentabilidad y flujos de caja suficientes para financiar buena parte del esfuerzo sin depender en la misma medida de nuevas ampliaciones de capital. Durante la etapa puntocom, las compañías recurrían con más frecuencia a captar fondos para sostener su crecimiento.
Esta estructura financiera no asegura que todas las inversiones en IA vayan a ofrecer buenos rendimientos. Sí proporciona, sin embargo, una base de financiación más sólida que la observada en aquel episodio. Por ahora, el mercado sigue apostando por que el crecimiento del sector será capaz de absorber unos tipos más altos. El riesgo aparecerá si esa expectativa deja de estar respaldada por los resultados.











