Las grandes tecnológicas han comprometido hasta 300.000 millones de dólares en garantías vinculadas a centros de datos y chips de inteligencia artificial en menos de un año, según el Financial Times. Estas estructuras permiten facilitar nueva financiación para la expansión de la IA sin que toda la deuda asociada aparezca de forma inmediata en los balances de las compañías.
El mecanismo se apoya en vehículos de financiación creados específicamente para adquirir centros de datos o hardware. Esas entidades piden dinero prestado a bancos o inversores y, a cambio, las tecnológicas garantizan que los activos mantendrán un valor mínimo en el futuro. Si los chips o las instalaciones valen menos de lo previsto, la empresa que emitió la garantía debe cubrir la diferencia.
Una deuda respaldada por el valor futuro de los activos
Para las entidades financieras, la garantía reduce el riesgo de prestar dinero a proyectos cuya rentabilidad todavía depende de que crezca el negocio de la IA. Para las tecnológicas, el atractivo está en que pueden impulsar grandes inversiones sin asumir directamente toda la deuda en su balance. Banqueros consultados por el Financial Times describen estas operaciones como estructuras “eficientes en términos de balance”.
En la práctica, el modelo permite movilizar una cantidad elevada de capital con una deuda visible relativamente menor. La contrapartida es que la compañía queda expuesta a la evolución futura de los activos y de la demanda de capacidad de cálculo. Si el valor garantizado no se alcanza, el compromiso puede convertirse en una obligación económica efectiva.
Meta recurrió a este esquema para financiar un gran centro de datos en Luisiana. La compañía aportó una garantía de 28.000 millones de dólares para facilitar la financiación del proyecto Hyperion.
Broadcom utilizó una fórmula similar en un acuerdo de chips con Anthropic, con una exposición de 29.000 millones de dólares. Nvidia, por su parte, ha ofrecido apoyo a clientes que adquieren sus chips y, según el diario británico, concedió además garantías por 105.000 millones de dólares a SB Energy, filial de SoftBank.
SB Energy está construyendo en Ohio un campus de centros de datos para OpenAI. Como parte del acuerdo, las instalaciones funcionarán exclusivamente con hardware de Nvidia durante veinte años.
El riesgo aparece si la demanda no cumple las expectativas
Estas operaciones reflejan hasta qué punto la inversión en inteligencia artificial depende ya de estructuras financieras complejas, además de la fabricación de chips, la construcción de centros de datos y el crecimiento de los ingresos. También muestran la presión que afrontan las compañías para acelerar sus proyectos y no quedarse atrás en una carrera tecnológica que exige cada vez más capital.
El modelo funciona mientras empresas como OpenAI, Anthropic o Meta continúen creciendo y la demanda de servicios de IA justifique la capacidad que se está construyendo. La incertidumbre surge si el uso de estas herramientas decepciona, si se instala más capacidad de cálculo de la necesaria o si los modelos de negocio tardan más de lo previsto en generar ingresos.
En ese escenario, las garantías podrían activarse y convertir riesgos que hoy permanecen fuera del balance en obligaciones reales para las compañías. La exposición no se limita a los 300.000 millones de dólares identificados en garantías. Morgan Stanley calcula que siete grandes proveedores de servicios en la nube y fabricantes de chips acumulan conjuntamente más de 3,1 billones de dólares en compromisos fuera de balance y apoyo crediticio.
La expansión de la IA, por tanto, no se sostiene únicamente sobre expectativas de crecimiento tecnológico. También descansa sobre promesas financieras cuyo coste dependerá del valor que conserven los activos y de la capacidad del sector para convertir la inversión actual en ingresos futuros.










