El consumo eléctrico asociado a la inteligencia artificial ya supera al de Bitcoin y la diferencia seguirá aumentando hasta 2030, según la información de referencia. El impacto energético de esta tecnología tendrá alcance global, aunque la presión será especialmente intensa en las regiones que concentran un mayor número de centros de datos.
Los centros de datos concentran el impacto
La expansión de la IA depende de infraestructuras informáticas capaces de entrenar y operar modelos cada vez más exigentes. Ese crecimiento se traduce en una demanda adicional de electricidad que no se distribuye de manera uniforme: los territorios con más centros de datos soportarán la mayor parte de la presión sobre sus redes eléctricas.
El fenómeno, por tanto, no se limita a las empresas que desarrollan estas herramientas. También afecta a los sistemas energéticos de las zonas donde se instalan los centros de procesamiento, debido a la concentración de una actividad con necesidades eléctricas elevadas.
Una brecha energética que seguirá creciendo
La comparación con Bitcoin permite dimensionar el cambio. La minería de la criptomoneda ha sido durante años uno de los principales focos del debate sobre el consumo eléctrico de las tecnologías digitales. Sin embargo, la demanda vinculada a la IA ya la ha superado y, de acuerdo con la previsión recogida en la fuente, la distancia será mayor para 2030.
El alcance exacto de esa brecha no se detalla en la información disponible. Sí queda definido el sentido de la tendencia: el impacto energético de la inteligencia artificial será mundial, pero se concentrará allí donde avance con mayor rapidez la construcción y operación de centros de datos.











