Las normas europeas orientadas a impulsar la fabricación de baterías dentro de la Unión Europea encarecen en 2.100 euros el precio de los coches eléctricos, según un nuevo informe. El estudio cuestiona que la estrategia industrial comunitaria esté ayudando a la automoción europea a ganar competitividad.
Un coste que recae sobre consumidores y contribuyentes
El informe sostiene que las medidas adoptadas para proteger y desarrollar la cadena de suministro europea de baterías terminan trasladando parte del coste a los compradores de vehículos eléctricos. También señala a los contribuyentes como afectados por esta política industrial.
La conclusión del análisis es especialmente crítica con el enfoque elegido por Bruselas: en lugar de reforzar la capacidad de las empresas para competir, las reglas beneficiarían a los fabricantes ya consolidados dentro del sector automovilístico.
La industria europea, en el centro del debate
La estrategia se plantea en un momento de dificultades para la industria automovilística europea. El objetivo de fabricar más baterías en Europa busca reducir la dependencia exterior y consolidar una base industrial propia, pero el informe considera que las normas están generando un efecto adverso para quienes deben asumir el precio final de los vehículos y el coste de las ayudas públicas.
Según el estudio, el sobrecoste alcanza los 2.100 euros por coche eléctrico. La fuente no detalla el método utilizado para calcular esa cifra ni especifica qué medidas concretas explican el incremento.
El análisis abre así un debate sobre el equilibrio entre autonomía industrial y asequibilidad. Las reglas europeas pretenden proteger una industria estratégica, pero sus críticos sostienen que hacerlo mediante mayores costes puede dificultar el acceso de los consumidores al vehículo eléctrico y no resolver los problemas de competitividad del sector.











