BlackRock considera que la inteligencia artificial puede convertirse en un motor de crecimiento para las criptomonedas, aunque sostiene que el mercado todavía no ha valorado plenamente esa conexión. En un informe publicado esta semana, la gestora explica que el software de IA terminará realizando pagos de forma autónoma y necesitará un tipo de dinero diseñado para ser utilizado directamente por máquinas.
IA y blockchain comparten una lógica digital
El informe, titulado The Machine-Native Economy, identifica tres tendencias que están acercando ambas tecnologías. La primera es que tanto la inteligencia artificial como las blockchains trabajan con tokens, unidades digitales que los ordenadores pueden procesar sin necesidad de convertirlas previamente a formatos físicos o intermediados.
La segunda tiene que ver con los agentes de IA: programas capaces de ejecutar tareas por sí solos. Para operar, estos sistemas necesitarían un dinero que pueda enviarse, recibirse y verificarse automáticamente. La tercera apunta al mercado de la potencia de cálculo, es decir, a la capacidad informática necesaria para hacer funcionar los modelos de inteligencia artificial, que podría convertirse en un nuevo ámbito de actividad para las redes y los activos digitales.
“En conjunto, estas tendencias sitúan a la IA como un catalizador estructural para la adopción de activos digitales, y a los activos digitales como un posible facilitador de la economía de la IA”, escriben los autores. El documento está firmado por Will Su, responsable de investigación en activos digitales, y Robert Mitchnick, responsable de activos digitales. También participaron Jay Jacobs y William Helm, vinculados al área de fondos cotizados (ETF) de BlackRock.
La tesis central de la gestora es que la relación entre ambas tecnologías sigue “infravalorada” y puede ampliar el papel de los activos digitales como infraestructura de una economía digital más autónoma.
Las stablecoins, candidatas para los pagos de los agentes
BlackRock compara el funcionamiento de la IA y las criptomonedas desde una perspectiva técnica. Un modelo de lenguaje como ChatGPT convierte el texto en números, mientras que una blockchain puede representar el dinero y la propiedad mediante registros digitales. En palabras de los investigadores, la IA sería una forma de “inteligencia nativa de máquina” y los activos digitales, “dinero nativo de máquina”.
Los contratos inteligentes permitirían a un agente de IA efectuar un pago y comprobar por sí mismo que la operación se ha completado. La gestora considera que este proceso encaja peor con la infraestructura bancaria tradicional, donde a menudo sigue siendo necesaria la intervención humana.
Para ese posible comercio entre agentes, BlackRock sitúa a las stablecoins en la primera posición. Se trata de criptomonedas que suelen estar vinculadas al dólar y que, según el informe, probablemente liderarán el uso transaccional, aunque otros activos digitales también podrían respaldar estas operaciones.
El mercado de stablecoins supera ya los 300.000 millones de dólares y su volumen de transacciones rebasó en 2025 los 11 billones de dólares, una cifra comparable a la actividad de Visa y Mastercard. El sistema estadounidense de transferencias bancarias ACH procesa todavía más de ocho veces ese volumen. Aun así, las stablecoins han crecido casi diez veces más rápido durante los últimos cinco años, según los datos recogidos por BlackRock.
El efecto sobre Ethereum dependerá de cada red
El informe deja abierta la cuestión de qué activos captarían más valor si aumentan los pagos realizados por agentes de IA. BlackRock apunta que un mayor uso de stablecoins podría elevar la demanda de Ethereum (ETH), porque los usuarios emplean esta red para pagar las comisiones de transacción.
La gestora advierte, no obstante, de que el resultado dependerá de cómo cada blockchain gestione sus costes y de quién reciba esas comisiones. El documento cita como ejemplo Arc, la red del emisor de stablecoins Circle. En Arc, los usuarios pagan las tarifas de transacción en USDC. Por ello, un aumento del volumen de pagos reforzaría, según la interpretación de BlackRock, principalmente al propio USDC y no necesariamente al activo nativo de otra red.
La conclusión de la gestora no es una predicción sobre una criptomoneda concreta, sino una tesis sobre la infraestructura que podría necesitar una economía en la que los programas ejecuten cada vez más operaciones sin intervención humana directa.











