La inteligencia artificial mantiene el pulso de los mercados, pero la fase de entusiasmo indiscriminado empieza a dar paso a una evaluación más exigente. La demanda de chips y de capacidad de cálculo sigue siendo excepcionalmente fuerte, aunque financiar la expansión de los centros de datos resulta cada vez más caro y los inversores reclaman pruebas de rentabilidad.
El alivio en los mercados devuelve el protagonismo a la IA
El contexto financiero ha mejorado. El precio del Brent ha caído por debajo de los 100 dólares y encadena seis sesiones consecutivas de descensos, mientras que la rentabilidad del bono estadounidense a diez años vuelve a situarse por debajo del 5%. A esta evolución se suma una mayor esperanza de que avance una salida diplomática en torno a Irán, después de que Donald Trump hablase de conversaciones positivas entre Estados Unidos e Irán durante una reunión de la ONU.
En ese escenario, el Nasdaq 100 vuelve a marcar máximos históricos y las compañías vinculadas a la inteligencia artificial recuperan el liderazgo. Los valores de chips y memoria están entre los principales impulsores. Micron subió más de un 5% en la última sesión, después de los avances registrados a comienzos de semana por Meta y AMD.
La evolución técnica de Micron también ofrece señales que el mercado interpreta con interés: la compañía marcó en agosto un mínimo creciente y ahora cotiza asimismo en un máximo creciente. Son, según la fuente, los primeros indicios de una posible reanudación del anterior mercado alcista.
La demanda de chips sigue sosteniendo el ciclo
El repunte no depende únicamente del ánimo de los inversores. En los primeros veinte días de septiembre, las exportaciones surcoreanas de chips fueron un 259,4% superiores a las del mismo periodo del año anterior. El dato apunta a que la demanda de memoria, capacidad de cálculo y otros componentes necesarios para la infraestructura de inteligencia artificial continúa en niveles excepcionalmente elevados.
Hace menos de dos semanas, sin embargo, el foco estaba puesto en el aumento de las rentabilidades de la deuda y en la duda de si las enormes inversiones que exige la IA podrían generar una rentabilidad suficiente. La demanda mantiene vivo el mercado alcista del sector, pero sus criterios de selección han cambiado.
En la primera etapa, bastaba en buena medida con identificar a las empresas expuestas a la expansión de la tecnología. Nvidia vendía chips y el mercado premiaba sus acciones. La necesidad de construir centros de datos también impulsaba a compañías relacionadas con la electricidad, la refrigeración y los equipos de red. Ahora, esas conexiones ya no son suficientes por sí solas.
Más deuda y una prueba decisiva: convertir los planes en caja
La infraestructura necesaria para sostener la IA tiene que financiarse, y las empresas recurren cada vez más a la deuda. Goldman Sachs prevé que la emisión de deuda de los grandes hiperescaladores alcance unos 420.000 millones de dólares en 2027, alrededor de un 60% más que este año.
Al mismo tiempo, los inversores en bonos exigen una compensación mayor por asumir deuda vinculada a la inteligencia artificial. La prima de riesgo ronda los 115 puntos básicos, frente a los aproximadamente 78 puntos básicos del conjunto del mercado de bonos corporativos estadounidenses de alta calidad. Sigue existiendo capital disponible, pero su coste aumenta y los financiadores son más selectivos.
La emisión de bonos de SoftBank por más de 10.000 millones de dólares ilustra esa demanda: según varias informaciones, recibió peticiones por encima de los 20.000 millones. El interés inversor sigue ahí, aunque no elimina la cuestión central para la nueva fase del ciclo.
Un contrato multimillonario o un ambicioso plan de expansión son solo el punto de partida. Después llegan los permisos, el suministro eléctrico, la financiación, la construcción de los centros de datos y la utilización efectiva de esa capacidad por parte de los clientes. Solo entonces se materializa el flujo de caja. Por eso, el mercado empieza a prestar menos atención a quién anuncia los proyectos más grandes y más a quién consigue convertir la escasez de infraestructura en beneficios reales.











