Vitalik Buterin imagina un Ethereum muy distinto al actual en 2030: una red capaz de procesar más transacciones y cálculos sin obligar a todos sus ordenadores a repetir el mismo trabajo. El cofundador de Ethereum sitúa las pruebas criptográficas en el centro de esa evolución, con dos objetivos adicionales: reducir los costes y reforzar la privacidad de los usuarios.
La propuesta forma parte de una visión a largo plazo sobre cómo debería desarrollarse la red después de Hegotá, la actualización prevista para el próximo año. Buterin considera que ese cambio podría ser la última actualización «normal» de Ethereum, todavía relativamente parecida a la tecnología con la que se construyó la red en 2015.
Una red que no tenga que repetir cada cálculo
Actualmente, muchos ordenadores de Ethereum verifican las mismas transacciones y operaciones. Este sistema contribuye a la seguridad de la cadena de bloques, pero también limita la capacidad adicional que se obtiene al sumar nuevos equipos: si todos deben ejecutar de nuevo los mismos cálculos, la red no puede repartir de forma eficiente el trabajo.
La alternativa planteada por Buterin pasa por asignar una tarea a un ordenador y hacer que este genere después una prueba matemática breve. Esa prueba demostraría que el cálculo se ha realizado correctamente. El resto de participantes no tendría que repetir la operación completa, sino comprobar la validez de la evidencia.
Con este modelo, distintos ordenadores podrían trabajar de manera simultánea en tareas diferentes. La red ganaría capacidad sin depender de que cada participante ejecute exactamente los mismos procesos. Según Buterin, los desarrolladores ya perseguían una arquitectura de este tipo hace años, pero entonces faltaba una tecnología fiable para verificar que cada participante había completado correctamente su trabajo. «Faltaba el ingrediente clave: la verificación», resume.
La privacidad también pasa a primer plano
La visión del cofundador de Ethereum no se limita al rendimiento. También concede un papel mucho más importante a la privacidad, incluso en acciones aparentemente sencillas como consultar el saldo de una cartera.
Los monederos suelen solicitar esa información a servidores externos. El operador de esos servidores puede llegar a saber qué direcciones consulta una persona y seguir, al menos parcialmente, su actividad. Buterin plantea que Ethereum debería proteger también ese tipo de datos, en lugar de concentrar la mejora de la privacidad únicamente en las transacciones.
El cambio podría tener una aplicación específica para las empresas. Sus empleados, por ejemplo, podrían comprobar el saldo de una cuenta sin que un tercero externo identificase de inmediato qué monederos pertenecen a la compañía. En el horizonte de Buterin, las transacciones y las aplicaciones más complejas también deberían incorporar mayores garantías de privacidad.
El siguiente ciclo de desarrollo de Ethereum
Tras Hegotá, el desarrollo de Ethereum debería orientarse cada vez más hacia las pruebas criptográficas, la verificación automática del software y una seguridad preparada para la aparición de ordenadores cuánticos. No se trata solo de aumentar el número de operaciones, sino de cambiar la forma en que la red comprueba que esas operaciones son correctas.
Buterin sitúa en unos ocho a 32 segundos el tiempo de finalidad que podrían alcanzar las transacciones dentro de su visión para 2030. Ese escenario todavía requiere avances técnicos importantes. La generación de pruebas debe ser mucho más eficiente y los distintos sistemas tienen que poder trabajar con los mismos datos de forma simultánea sin interferirse.
Por eso, la propuesta no describe una capacidad disponible hoy, sino la dirección que, a juicio de Buterin, debería marcar la próxima gran etapa de Ethereum. «A partir de Hegotá, esta transformación será el principal relato de Ethereum», escribe. El resultado buscado es una red capaz de gestionar muchos más cálculos de forma barata, escalable y privada que con la tecnología actual.










