Rusia prepara una prórroga de un mes para mantener durante octubre el veto a las exportaciones de diésel de sus productores, según la agencia estatal TASS. Moscú busca asegurar el suministro del mercado interno en un momento en el que la oferta internacional afronta tensiones por los problemas en las refinerías, la guerra en Ucrania y las interrupciones en Oriente Próximo.
La prohibición vigente para las empresas que producen directamente el combustible expira a finales de septiembre. El Gobierno ruso trabaja ahora en extenderla hasta finales de octubre, de acuerdo con la información publicada por TASS. La medida todavía se presenta como una prórroga en preparación, no como una decisión ya ejecutada.
Rusia prioriza el abastecimiento interno
El objetivo de Moscú es retener una mayor cantidad de diésel dentro del país. Al reducir las ventas al exterior, las autoridades rusas pretenden que haya más combustible disponible para las empresas y los consumidores nacionales.
El régimen es aún más restrictivo para las compañías que no producen directamente diésel y gasolina. En su caso, las exportaciones están suspendidas hasta el 31 de enero de 2027. La diferencia entre ambos plazos afecta, por tanto, a los distintos tipos de operadores del mercado ruso.
Estas limitaciones forman parte de la respuesta del Gobierno ruso a las tensiones en su mercado nacional de combustibles. Sin embargo, cualquier prolongación del veto tiene también efectos sobre el comercio internacional, dado el peso de Rusia como proveedor.
Un mercado internacional ya sometido a presión
Según datos citados por Reuters, Rusia ha representado históricamente alrededor del 11% de las exportaciones mundiales de diésel. Una menor presencia rusa en el mercado exterior podría estrechar aún más la oferta disponible, especialmente si las restricciones se mantienen durante más tiempo.
TASS ya había señalado que la ausencia del diésel ruso podría afectar a cerca del 10% de la oferta mundial. Esa estimación se produce en un contexto marcado por las dificultades operativas de varias refinerías y por las alteraciones relacionadas con los conflictos en Ucrania y Oriente Próximo.
Europa figura entre las regiones más expuestas porque depende parcialmente del diésel importado. Si los compradores europeos tienen que cubrir una parte mayor de sus necesidades con suministros alternativos, la competencia por los cargamentos disponibles podría intensificarse. La fuente no cuantifica el efecto que la eventual prórroga tendría sobre los precios.
Estados Unidos también estudia limitar sus exportaciones
La posible medida rusa coincide con un debate abierto en Estados Unidos. El presidente Donald Trump afirmó que está considerando seriamente prohibir las exportaciones de diésel para conservar más combustible dentro del país y contener los elevados precios internos.
Estados Unidos es también uno de los principales productores y exportadores de diésel. Si ambos países redujeran sus envíos al exterior, el mercado internacional perdería volúmenes relevantes procedentes de dos grandes suministradores.
Las petroleras y las organizaciones del sector han advertido de que una limitación estadounidense podría elevar los precios fuera del país. Los mercados dependientes del diésel procedente de Estados Unidos tendrían que buscar nuevos proveedores, aumentando la competencia por la oferta restante. Por ahora, la prórroga rusa para octubre y la eventual restricción estadounidense siguen siendo escenarios en evaluación.








