El 80% de los inversores con al menos 10 millones de dólares de patrimonio invertible tiene exposición a activos alternativos, según un estudio de Goldman Sachs. La cifra contrasta con la de los patrimonios de entre uno y cinco millones de dólares, donde el porcentaje se sitúa en el 39%.
El interés por estas inversiones crece pese a que la bolsa estadounidense encadena máximos. El S&P 500 se mantiene cerca de niveles récord, pero esa evolución agregada oculta un comportamiento mucho más desigual entre sus componentes. Según Morningstar, en agosto casi el 60% de las acciones individuales del índice cotizaba al menos un 20% por debajo de su máximo histórico.
Más allá de la cartera tradicional
Los datos apuntan a un cambio en la forma en que los grandes patrimonios abordan la diversificación. Durante años, la respuesta habitual para reducir el riesgo consistía en disminuir la exposición a la renta variable y aumentar la inversión en bonos. Esa lógica también está detrás de la conocida cartera 60/40, formada por un 60% de acciones y un 40% de bonos.
Sin embargo, los bonos no siempre han funcionado como elemento de protección cuando las acciones sufren presión. Esta circunstancia ayuda a explicar por qué algunos inversores están ampliando el abanico de activos en sus carteras, en lugar de limitarse a alternar entre bolsa y deuda.
La categoría de inversiones alternativas engloba activos que quedan fuera de esa combinación tradicional. Entre ellos figuran el inmobiliario, el capital privado, las materias primas y los metales preciosos. El estudio de Goldman Sachs no indica que los inversores más ricos estén liquidando de forma generalizada sus posiciones en acciones, sino que muestra un peso significativamente mayor de estas alternativas entre los patrimonios más elevados.
Los asesores también aumentan la asignación
El movimiento no se limita a las decisiones de los inversores. La encuesta CAIS Mercer Survey de 2025 señala que el 49% de los asesores consultados ya destina más del 10% de las carteras de sus clientes a inversiones alternativas.
La diferencia entre grupos patrimoniales es especialmente marcada. Mientras el 39% de quienes cuentan con entre uno y cinco millones de dólares invertibles participa en este tipo de activos, la proporción se eleva hasta el 80% entre quienes superan los 10 millones. La comparación sugiere que el tamaño del patrimonio facilita una diversificación más amplia, aunque la fuente no detalla qué porcentaje de cada cartera se asigna a estas inversiones.
El oro gana protagonismo como alternativa
Dentro de este universo, los metales preciosos ocupan un lugar destacado. El oro se ha utilizado tradicionalmente como una vía de diversificación cuando aumenta la incertidumbre en los mercados financieros, y aparece como una de las opciones que están considerando quienes buscan reducir su dependencia de las acciones y los bonos.
El contexto combina varios factores de preocupación para los inversores: tensiones geopolíticas, mayores rentabilidades de los bonos e incertidumbre sobre la política económica de Estados Unidos. Todo ello ocurre mientras el S&P 500 permanece cerca de máximos históricos y algunos de sus valores registran movimientos de gran amplitud en periodos de pocos meses.
El resultado es una aparente contradicción: los principales índices bursátiles cotizan en niveles elevados, pero una parte relevante de los inversores más ricos está reforzando su exposición a activos situados fuera del mercado bursátil tradicional.










