Google pondrá a prueba este jueves sus chips de inteligencia artificial en órbita terrestre. Está previsto que un cohete Falcon 9 de SpaceX despegue a las 20:18, hora peninsular española, desde la base aérea de Vandenberg, en California, con varios satélites a bordo. Uno de ellos transportará un prototipo equipado con unidades de procesamiento tensorial (TPU) de Google y alimentado por energía solar.
La misión, denominada Transporter-18, incluye satélites de Planet Labs y supone el primer ensayo en el espacio del proyecto Suncatcher. Google lo presentó en noviembre de 2025 con el objetivo de estudiar si sería viable desplegar infraestructura de inteligencia artificial a gran escala en la órbita terrestre.
La primera prueba de las TPU de Google en el espacio
Las TPU son chips desarrollados por Google para ejecutar cálculos de inteligencia artificial de alta exigencia. La compañía ya los ha probado en aplicaciones terrestres, pero todavía no dispone de datos sobre su comportamiento en las condiciones de la órbita terrestre baja.
El prototipo que viajará en la misión funcionará con energía solar y permitirá analizar si estos componentes pueden operar de forma fiable lejos de la superficie terrestre. El lanzamiento no pretende demostrar todavía la viabilidad de un centro de datos espacial completo, sino obtener las primeras respuestas sobre el funcionamiento de la tecnología en ese entorno.
La prueba tendrá que aportar información sobre la respuesta de los chips ante factores propios del espacio, entre ellos la radiación, los cambios extremos de temperatura y las dificultades para disipar el calor generado por equipos de alta potencia. Google considera que estos elementos serán determinantes para cualquier despliegue futuro.
El interés por llevar la capacidad de cálculo a la órbita
El proyecto parte de una necesidad cada vez más relevante para la industria tecnológica: el crecimiento de la inteligencia artificial está elevando la demanda de centros de datos y, con ella, el consumo de electricidad. Según Google, los satélites situados en órbita terrestre baja pueden recibir luz solar de forma casi continua. En condiciones adecuadas, sus paneles solares podrían generar hasta ocho veces más energía que en la Tierra.
La visión a largo plazo contempla conectar varios satélites para formar una red capaz de ejecutar conjuntamente tareas de inteligencia artificial de mayor tamaño. Esa arquitectura permitiría trasladar parte de la capacidad de cálculo fuera del planeta, aunque la empresa aún debe demostrar que el modelo es técnicamente viable y puede desarrollarse a una escala significativa.
SpaceX también ha señalado el potencial de esta idea. Elon Musk ha apuntado que la capacidad de cálculo en el espacio podría convertirse en una opción de bajo coste para entrenar modelos de IA en un plazo de dos a tres años. Gwynne Shotwell, presidenta de SpaceX, ha mencionado asimismo la posibilidad de disponer de capacidad de cálculo a gran escala en el espacio a partir de 2027.
Radiación, calor y basura espacial, entre los obstáculos
El desarrollo de redes de satélites dedicadas a la inteligencia artificial plantea retos que van más allá del lanzamiento. La radiación y las variaciones térmicas pueden deteriorar los dispositivos electrónicos, mientras que la evacuación del calor será especialmente compleja en equipos de alto rendimiento. También existe el riesgo asociado a la acumulación de basura espacial, que aumentaría a medida que se desplegaran constelaciones más numerosas.
Por eso, la misión Transporter-18 busca responder primero a una cuestión básica: si los chips de IA de Google pueden trabajar de manera estable en la órbita terrestre. El resultado del ensayo ofrecerá los primeros datos reales sobre el proyecto Suncatcher y sobre las posibilidades de trasladar parte de la computación intensiva de inteligencia artificial al espacio.











