La presión sobre Irán se intensifica en varios frentes: la inflación ronda el 90%, el rial ha vuelto a depreciarse con fuerza y las exportaciones de petróleo están prácticamente paralizadas. Al mismo tiempo, Estados Unidos prepara el envío del portaaviones USS Theodore Roosevelt y de unos 10.000 efectivos adicionales a Oriente Próximo, en un nuevo refuerzo militar mientras las negociaciones entre Washington y Teherán apenas avanzan.
El deterioro económico llega siete meses después del inicio de la guerra con Estados Unidos. El bloqueo estadounidense está golpeando una de las principales fuentes de ingresos de Irán justo cuando el país pierde capacidad para utilizar el suministro de crudo como instrumento de presión sobre los mercados internacionales.
El petróleo iraní queda cada vez más aislado
Los datos más recientes apuntan a una caída drástica de las exportaciones. En septiembre apenas se cargó crudo iraní para su envío al exterior, según la información citada por la fuente. Teherán todavía puede abastecer parcialmente a China con petróleo almacenado en buques, pero esas reservas son limitadas.
La situación contrasta con la recuperación de otros productores del golfo Pérsico. Sus exportaciones se acercan de nuevo a los niveles anteriores a la guerra gracias al uso de oleoductos alternativos y de otras rutas marítimas para sortear las dificultades en el estrecho de Ormuz.
Ese cambio reduce la capacidad de Irán para alterar por sí solo el suministro mundial de crudo. Aunque la tensión en la zona continúa, el petróleo de otros países de Oriente Próximo vuelve a llegar al mercado en volúmenes elevados, mientras los envíos iraníes se aproximan a la paralización.
Inflación extrema y depreciación del rial
El golpe sobre la economía doméstica también se ha agravado. La inflación se mantiene en niveles excepcionalmente altos, cercanos al 90%, y la moneda iraní ha marcado un nuevo mínimo. Associated Press informó esta semana de un tipo de cambio superior a 2,5 millones de riales por dólar.
La depreciación encarece los productos importados y reduce la capacidad de compra de la población. A la presión monetaria se suma el agotamiento de los ingresos petroleros, una combinación que estrecha el margen de maniobra del Gobierno iraní.
Teherán se enfrenta así a un dilema cada vez más difícil: aceptar concesiones para aliviar las sanciones y la presión económica o asumir el riesgo de una escalada mayor. Irán ha advertido de que responderá a nuevos ataques estadounidenses o israelíes, aunque también ha presentado propuestas que dejan abierta la posibilidad de retomar las conversaciones.
Ormuz sigue condicionando al mercado energético
Washington, por su parte, aumenta la presión militar con el despliegue del USS Theodore Roosevelt y tropas adicionales, incluidos infantes de marina y marineros estadounidenses. El refuerzo se produce mientras los mediadores tratan de abordar el futuro del estrecho de Ormuz, las sanciones y el programa nuclear iraní.
La ruta sigue siendo el principal foco de atención para los mercados financieros. Pese a la recuperación de las exportaciones regionales, el comercio de diésel y de otros combustibles refinados continúa sufriendo alteraciones graves. El Brent rondó esta semana los 100 dólares por barril.
Un nuevo ataque o una escalada militar podría volver a impulsar los precios de la energía. Ese riesgo también limita el margen de Washington: el encarecimiento del petróleo y de los combustibles afecta a los consumidores estadounidenses a las puertas de las elecciones legislativas de noviembre. La presión sobre Irán aumenta, pero Estados Unidos también tiene incentivos para evitar una nueva crisis energética.










