Las desinversiones de las firmas de capital privado en Estados Unidos se desplomaron un 46,3% en el segundo trimestre frente a los tres primeros meses del año, hasta 102.600 millones de dólares. El deterioro se concentra especialmente en las operaciones pequeñas y medianas, mientras el encarecimiento de la financiación mantiene bloqueadas numerosas ventas y retrasa la devolución de capital a los inversores.
Las ventas medianas marcan el deterioro del mercado
Los datos de PitchBook muestran que el valor total de las empresas vendidas por fondos de capital privado también retrocedió un 7,4% respecto al mismo periodo del año anterior. El segmento más afectado fue el de las operaciones medianas: sus desinversiones sumaron 24.700 millones de dólares, la cifra más baja desde el segundo trimestre de 2020.
Las grandes transacciones, aquellas que superan los 1.000 millones de dólares, todavía ofrecen cierto soporte al mercado. Sin embargo, no han compensado la debilidad de las operaciones de menor tamaño, que afrontan más dificultades para encontrar compradores y para cerrar acuerdos con las valoraciones que esperan los vendedores.
El modelo del capital privado se basa en adquirir compañías, normalmente con una combinación de recursos propios y deuda, y venderlas después de varios años para obtener una plusvalía. La salida puede producirse mediante la venta a otra empresa o a través de una oferta pública. Cuando esas operaciones se retrasan, el capital permanece inmovilizado durante más tiempo y se alarga el periodo de permanencia de las compañías en las carteras.
El coste de la deuda complica las operaciones
El problema empezó a hacerse visible en 2022, cuando la Reserva Federal estadounidense elevó con fuerza los tipos para combatir la inflación. El aumento del coste de la financiación redujo la capacidad de los compradores para asumir los precios solicitados y abrió una brecha entre las expectativas de ambas partes que todavía no se ha cerrado por completo.
La Fed añadió presión al elevar el tipo de referencia en 25 puntos básicos, hasta una horquilla de entre el 3,75% y el 4%. La sensibilidad del capital privado a los tipos es elevada porque muchos de los préstamos empleados para financiar adquisiciones tienen un interés variable. Cuando suben los tipos, también lo hacen los costes financieros de las empresas participadas.
Ese incremento puede reducir la rentabilidad de las compañías y hacerlas menos atractivas para potenciales compradores. Kyle Walters, analista de PitchBook, considera que la subida perjudica a las firmas que intentan vender sus activos. Aun así, señala que una única subida no tiene por qué desencadenar un problema mayor y sitúa el foco en la posibilidad de que la Fed mantenga los aumentos durante los próximos meses.
Más tiempo en cartera y nuevas dudas sobre las valoraciones
Al cierre del segundo trimestre, la mediana del tiempo que las empresas permanecían en las carteras estadounidenses se situaba en torno a 4,5 años. El plazo supera los niveles registrados durante buena parte de las dos últimas décadas y refleja la dificultad para completar las desinversiones.
El retraso también afecta a los inversores de los fondos. Mientras las compañías no se venden, las firmas devuelven menos dinero a quienes aportaron capital, una circunstancia que puede complicar la captación de nuevos recursos.
A la presión de los tipos se suma la incertidumbre provocada por el rápido desarrollo de la inteligencia artificial. La tecnología pone en cuestión algunos modelos de negocio considerados estables y dificulta estimar cuánto valdrán determinadas empresas en el futuro. Jeremy Swan, de CohnReznick, apunta que el encarecimiento de la financiación obliga a revisar los precios de venta y posiblemente las vías de desinversión. Mientras compradores y vendedores mantengan visiones distintas sobre el valor de las compañías, miles de millones de dólares seguirán comprometidos durante más tiempo.











