El Salvador está separando las funciones que asignó inicialmente a Bitcoin. Cinco años después de convertirlo en moneda de curso legal, el país utiliza ahora stablecoins para facilitar los pagos y las remesas, mientras mantiene a Bitcoin (BTC) como un posible activo de reserva y ahorro. La nueva aplicación Sivar, desarrollada por Modveon, refleja ese cambio de enfoque.
Sivar apuesta por las stablecoins para las remesas
La aplicación permite operar con monederos digitales y stablecoins, según sus condiciones oficiales. Su objetivo es facilitar el envío de dinero desde Estados Unidos a El Salvador, un flujo esencial para la economía del país. La tarifa anunciada por Sivar es fija: 2 dólares por transferencia.
La infraestructura tecnológica incorpora servicios de Coinbase y la red Base, de acuerdo con una publicación de Coinbase difundida el 29 de septiembre de 2026. La compañía también señaló que los salvadoreños residentes en Estados Unidos enviaron 9.000 millones de dólares a su país el año pasado y que las comisiones porcentuales absorbieron millones de esa cantidad.
El planteamiento responde a una dificultad que Bitcoin no logró resolver en los pagos cotidianos: su volatilidad. Para un usuario que recibe 100 dólares y necesita destinarlos a la compra o a otros gastos inmediatos, las variaciones del precio de BTC introducen un riesgo que no existe, o es mucho menor, con una stablecoin vinculada al dólar. En ese contexto, la previsibilidad pesa más que el potencial de revalorización.
El uso de Bitcoin como medio de pago quedó limitado
La estrategia original del Gobierno de Nayib Bukele confiaba en que Bitcoin desempeñara un papel relevante tanto en las compras diarias como en el envío de remesas desde el extranjero. Sin embargo, su adopción efectiva fue reducida. El Fondo Monetario Internacional concluyó que el uso de Bitcoin en El Salvador seguía siendo limitado y que solo una pequeña parte de las remesas internacionales se canalizaba a través de monederos de criptomonedas.
La evolución de Sivar no implica necesariamente una renuncia completa a Bitcoin. Más bien apunta a una diferenciación entre los usos de cada activo. Las stablecoins aportan una unidad de cuenta más estable para transferir dinero y pagar, mientras que Bitcoin puede conservar interés como instrumento de ahorro o reserva.
El cambio coincide con una modificación del marco creado tras la adopción de Bitcoin. En virtud del acuerdo alcanzado con el FMI, en 2025 dejó de ser obligatorio que los comercios aceptaran la criptomoneda y se redujo el papel del monedero estatal Chivo.
Un reparto de funciones más pragmático
El FMI informó este mes de que el control operativo de Chivo ya había sido transferido a una entidad privada y de que no se habían utilizado fondos públicos para comprar más Bitcoin. Estos elementos apuntan a una menor implicación directa del Estado en la operativa cotidiana del activo, aunque Bitcoin no desaparece del planteamiento del país.
La orientación que se desprende de estas decisiones es pragmática: las stablecoins se destinan a las transferencias y los pagos, mientras Bitcoin queda asociado principalmente al ahorro y a la reserva de valor. No se trata de que una misma criptomoneda cumpla todas las funciones, sino de asignar cada herramienta al uso que mejor encaja con sus características.
Tras cinco años de experiencia, El Salvador parece alejarse de la idea de que Bitcoin pueda ser al mismo tiempo un medio de pago estable y un activo de reserva. La apuesta por Sivar muestra que, al menos en el terreno de las remesas, el país busca ahora la estabilidad de las monedas digitales vinculadas al dólar.











