La carrera por la inteligencia artificial está empezando a alterar el mercado mundial de bonos. Las grandes tecnológicas necesitan cada vez más capital para construir centros de datos y ampliar su infraestructura, y esa demanda de financiación ya compite con la de los gobiernos, especialmente con la del Tesoro estadounidense.
Meta prevé emitir bonos en Europa por primera vez este otoño. Amazon, Alphabet, Microsoft y Oracle también buscan nuevas fuentes de financiación en distintos mercados. Según Goldman Sachs, las empresas vinculadas a la inteligencia artificial han captado alrededor de 500.000 millones de dólares en financiación durante este año, una cifra que podría ser solo el inicio de una oleada de emisiones mucho mayor.
Las tecnológicas preparan una nueva ola de deuda
Los grandes proveedores de servicios en la nube concentran aproximadamente 200.000 millones de dólares del capital captado hasta ahora. La previsión es que Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle emitan conjuntamente más de un billón de dólares en nueva deuda durante los próximos años para sostener sus inversiones en inteligencia artificial.
El volumen de estas operaciones ya tiene efectos sobre el calendario de otras compañías. Cuando Amazon u Oracle salen al mercado para captar miles de millones, los inversores reservan parte de sus fondos para esas emisiones. Las empresas que no cuentan con una capacidad de atracción comparable pueden verse obligadas a retrasar sus colocaciones o a ofrecer intereses más elevados para conseguir financiación.
La competencia no se limita, por tanto, a las acciones ni a la valoración de las compañías tecnológicas. También alcanza al mercado de crédito, donde la escala de las necesidades de inversión en IA empieza a modificar las condiciones para el resto de emisores.
La presión alcanza a la deuda pública
El aumento de las emisiones corporativas plantea además una cuestión macroeconómica. Kevin Warsh y Scott Bessent han advertido de que los grandes proveedores de servicios en la nube compiten, en última instancia, por el mismo capital que el Gobierno estadounidense.
El mercado de deuda de Estados Unidos ronda los 31 billones de dólares y Washington necesita refinanciar y ampliar continuamente sus obligaciones. Si las empresas tecnológicas acuden al mercado con cientos de miles de millones adicionales, la demanda agregada de capital aumenta. Esta presión podría contribuir a mantener elevados durante más tiempo los rendimientos de los bonos.
Las primeras señales ya aparecen en el coste de financiación de las propias tecnológicas. Los inversores están exigiendo intereses más altos para absorber el creciente volumen de deuda relacionado con la inteligencia artificial. Algunos bonos de los grandes proveedores de servicios en la nube cotizan incluso con rendimientos cada vez más cercanos a los de la deuda corporativa con peor calificación crediticia.
El encarecimiento no ha frenado, por ahora, los planes de inversión. Los gigantes tecnológicos continúan ampliando sus proyectos de infraestructura, pese a que cada nueva emisión eleva la cantidad de capital que deberán devolver y remunerar.
Una apuesta financiera basada en el crecimiento de la IA
El riesgo señalado en el mercado procede de la creciente interdependencia entre fabricantes de chips, centros de datos, empresas energéticas y proveedores de servicios en la nube. Todos participan, en distinta medida, en una cadena de financiación que descansa sobre una misma expectativa: que la inteligencia artificial terminará generando flujos de caja muy superiores a los actuales.
Apollo calcula que el flujo de caja operativo de los grandes proveedores de servicios en la nube tendría que multiplicarse aproximadamente por tres, desde unos 600.000 millones hasta dos billones de dólares, para respaldar esa apuesta.
Si ese crecimiento no se materializa, el mecanismo podría funcionar en sentido contrario. Aumentarían los diferenciales de crédito, se cancelarían inversiones y el crecimiento económico podría perder impulso. La expansión de la IA ya no condiciona únicamente las cotizaciones bursátiles: también empieza a influir en los intereses que pagan las empresas y en el coste al que se financian los gobiernos.










