Las estafas con criptomonedas que incorporan herramientas de inteligencia artificial moverían alrededor de 52.600 millones de pesos colombianos, unos 17,1 millones de dólares, en Colombia. La cifra procede de una estimación de Asoblockchain Colombia publicada a finales de septiembre y no equivale a un registro oficial de denuncias ni a una suma de casos comprobados.
El cálculo parte de los 44.200 millones de dólares en criptoactivos recibidos por Colombia entre julio de 2024 y junio de 2025, según Chainalysis. Sobre ese volumen, el gremio aplicó la incidencia global de las estafas con criptomonedas reportada por TRM Labs y la proporción de fraudes que actualmente utilizan herramientas de inteligencia artificial. El resultado pretende ofrecer un orden de magnitud sobre el fenómeno.
La IA amplifica el alcance de los fraudes
El estudio recoge también datos de TRM Labs según los cuales los reportes de estafas que utilizan IA se multiplicaron por 13 desde 2022. Además, las operaciones fraudulentas que recurren a proveedores de inteligencia artificial obtienen 4,5 veces más ingresos por operación que aquellas que no lo hacen.
El contexto de los delitos informáticos también muestra una evolución al alza. Entre enero y marzo de 2026 se registraron en Colombia 19.182 denuncias por este tipo de delitos. De ellas, 10.328 correspondieron a hurtos por medios informáticos, un 27,2% más que un año antes, según las cifras recogidas en el informe de Asoblockchain.
“Antes el estafador tenía que ser buen actor. Hoy la IA le presta la cara, la voz y la paciencia”, afirma Camilo Suárez, presidente de Asoblockchain Colombia. La tecnología permite fabricar identidades, conversaciones y contenidos con un nivel de personalización que facilita mantener la relación con la víctima durante más tiempo.
Cinco mecanismos identificados en Colombia
Una de las modalidades consiste en utilizar vídeos manipulados de políticos, cantantes, periodistas o empresarios para promocionar supuestas plataformas de inversión. Las páginas no existen o no tienen relación con la persona cuya imagen aparece en el contenido.
También se emplean voces clonadas. Después de tomar el control de una cuenta de WhatsApp, los delincuentes pueden enviar audios que imitan a un familiar o amigo y reclamar dinero con carácter urgente. En otros casos, crean asesores inexistentes mediante fotografías generadas con IA y chatbots capaces de mantener conversaciones durante semanas, recordar datos personales y construir confianza antes de solicitar un depósito.
El informe señala además la existencia de páginas que copian el diseño de bancos o exchanges. En ellas, falsos servicios de soporte solicitan claves, códigos o transferencias. A esto se suman ofertas de empleo fraudulentas: al principio pueden entregar pequeñas cantidades, pero después exigen depósitos crecientes en USDT para liberar supuestas ganancias o comisiones.
Qué hacer ante una sospecha
Asoblockchain recomienda verificar por otro canal cualquier petición urgente de dinero recibida por WhatsApp, incluso si el audio parece corresponder a una persona conocida. El estudio plantea acordar una palabra clave familiar para confirmar identidades y activar la verificación en dos pasos en WhatsApp, el correo electrónico y el exchange. También aconseja no compartir códigos de seguridad ni acceder a plataformas desde enlaces recibidos por mensajes.
Si el fraude ya se ha producido, la recomendación es conservar los chats, las direcciones de las billeteras y los comprobantes de las transferencias, avisar cuanto antes a la plataforma desde la que se envió el dinero y presentar una denuncia en el CAI Virtual de la Policía Nacional o ante la Fiscalía. Las operaciones en blockchain no se pueden revertir, por lo que el tiempo puede ser determinante para intentar congelar los fondos.
La estimación de 52.600 millones de pesos debe interpretarse con cautela por su carácter indirecto. Aun así, el estudio apunta a un cambio relevante en la mecánica del fraude: el objetivo ya no es únicamente vulnerar un sistema, sino explotar la confianza entre personas. Como resume Suárez, los delincuentes “no están hackeando computadores. Están hackeando relaciones”.










