Los bancos de Wall Street han empezado a colocar entre otras entidades e inversores un paquete de deuda de 60.000 millones de dólares destinado a financiar los chips que Anthropic necesitará para sus operaciones de inteligencia artificial. Según el Financial Times, es la mayor financiación de chips realizada hasta la fecha y una prueba relevante para medir cuánto riesgo siguen dispuestos a asumir los mercados en torno al auge de la IA.
Una operación dividida en dos tramos
Bank of America, Citigroup y Morgan Stanley se han comprometido a aportar la financiación. Ahora buscan distribuir una parte de esa deuda entre otros bancos e inversores, en un momento en el que las entidades financieras están recurriendo a estructuras cada vez más sofisticadas para sostener las enormes necesidades de capital del sector.
La mayor parte del paquete, unos 42.000 millones de dólares, corresponde a deuda con prioridad de cobro y garantías. Este tramo está respaldado parcialmente por Broadcom, lo que ofrece una protección adicional a los prestamistas y, previsiblemente, permite a Anthropic financiarse a un coste inferior al que tendría si toda la operación dependiera directamente de su propio riesgo de crédito.
Los 18.000 millones restantes se estructuran como deuda subordinada y no cuentan con ese respaldo. Los inversores que entren en esta parte quedan más expuestos a la capacidad de Anthropic para cumplir con sus obligaciones. Blackstone habría comprometido ya unos 9.000 millones de dólares en este tramo de mayor riesgo.
El dinero financiará chips para 2027
Los fondos servirán para cubrir los pedidos de chips que Anthropic tiene previstos para 2027. Broadcom desarrolla junto con Google unidades de procesamiento tensorial diseñadas para competir con los chips de Nvidia. Anthropic alquila esa capacidad de cálculo y no empezará a pagar hasta que los chips sean entregados.
El calendario muestra cómo se está financiando la expansión de la inteligencia artificial: las empresas comprometen hoy decenas de miles de millones de dólares para asegurarse una capacidad de cómputo que no se utilizará plenamente hasta dentro de varios años. La financiación se adelanta así a los ingresos y a la explotación efectiva de los equipos.
Ese desfase concentra buena parte de las dudas que rodean la operación. En los últimos meses, los inversores han exigido intereses más elevados por los préstamos concedidos a compañías de inteligencia artificial. La preocupación es que el gasto en chips, centros de datos y desarrollo de modelos no termine generando beneficios suficientes para justificar el volumen de inversión.
Una prueba para el apetito inversor
La colocación de la deuda será, por tanto, un indicador del estado del mercado. Si Wall Street consigue distribuir los 60.000 millones sin grandes dificultades, será una señal de que los inversores mantienen su confianza en el ciclo de inversión de la IA. Si los bancos encuentran problemas para localizar compradores, la operación podría apuntar a un cambio de actitud y a una menor disposición a financiar el sector mediante deuda.
La relevancia del acuerdo va más allá de Anthropic. Su estructura combina deuda garantizada parcialmente por Broadcom con un tramo subordinado directamente expuesto al riesgo de la compañía, y refleja una fase en la que el mercado empieza a asumir más riesgo para sostener la expansión de la inteligencia artificial.










