Las exportaciones de petróleo de Oriente Próximo han recuperado más del 80% del nivel registrado antes de la guerra, según Wael Sawan, consejero delegado de Shell. La mejora apunta a una capacidad de resistencia mayor de la esperada entre los países productores de la región, aunque no elimina la vulnerabilidad del mercado energético ni los riesgos asociados al estrecho de Ormuz.
Los flujos de crudo se acercan a los niveles anteriores
Sawan aseguró el martes, durante el Energy Intelligence Forum celebrado en Londres, que las exportaciones de petróleo de Oriente Próximo vuelven a situarse por encima del 80% de los volúmenes previos al conflicto. En su opinión, los productores de la zona están logrando mantener un suministro relevante pese a la guerra con Irán y continúan haciendo esfuerzos para cumplir sus compromisos con el mercado internacional.
Las estimaciones de grandes bancos y de compañías especializadas en el seguimiento del tráfico marítimo también sitúan los flujos de crudo cerca de los niveles anteriores a la guerra. Sin embargo, persisten discrepancias sobre el volumen exacto que se está exportando.
Una de las razones es la dificultad para seguir el movimiento de los petroleros. Los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz, sus inmediaciones y algunas zonas del mar Rojo apagan con frecuencia sus señales de seguimiento por satélite. Por ese motivo, los analistas no pueden calcular los flujos únicamente a partir del número de barcos detectados y deben combinar esos datos con imágenes de satélite e información procedente de la región.
Ormuz sigue lejos de la normalidad
Aunque el tránsito de petróleo por el estrecho de Ormuz se ha incrementado, Shell señala que todavía permanece por debajo de los niveles habituales. La ruta es una de las principales vías para el suministro energético mundial y continúa siendo uno de los puntos más expuestos a una nueva interrupción.
Para Sawan, la recuperación de las exportaciones no significa que el riesgo haya desaparecido. Cuanto más se prolongue la guerra con Irán, más difícil será para el mercado absorber nuevas perturbaciones. El margen disponible para compensar una pérdida adicional de suministro, advirtió, no es ilimitado.
El impacto de la crisis también se ha visto parcialmente contenido por otros factores. La demanda de petróleo en China ha disminuido, mientras que productores de otras regiones han aumentado su oferta. Estos cambios han ayudado a cubrir parte del suministro perdido en Oriente Próximo, pero no garantizan que el mercado pueda responder de la misma manera ante futuras interrupciones.
Reservas de emergencia y nuevas rutas de exportación
Los países del Grupo de los Siete anunciaron la semana pasada un plan para liberar hasta 100 millones de barriles de sus reservas de emergencia. Estas existencias están diseñadas para compensar de forma temporal interrupciones graves del suministro energético.
Al mismo tiempo, los productores de Oriente Próximo estudian la construcción de nuevos oleoductos para ampliar las rutas de salida del crudo y reducir la dependencia de las vías marítimas más vulnerables. La medida responde a una preocupación que, según Sawan, ha vuelto al centro de la agenda política: la seguridad energética como condición para la seguridad nacional y para cualquier estrategia industrial o económica.
El consejero delegado de Shell considera que los efectos más graves de la crisis quizá se hayan mitigado, pero insiste en que esta capacidad de respuesta solo puede mantenerse durante un periodo limitado. Una guerra prolongada o nuevas interrupciones pondrían a prueba la recuperación actual de los flujos de petróleo de la región.










