El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) ha advertido de que el crecimiento de las stablecoins y el uso cada vez mayor de la inteligencia artificial (IA) pueden generar riesgos para la estabilidad del sistema financiero mundial. El organismo reclama una mayor coordinación internacional, especialmente ante el retraso en la regulación de las criptomonedas y la dependencia de tecnologías compartidas por bancos y otras entidades.
El retraso regulatorio de las stablecoins preocupa al FSB
La advertencia figura en una carta dirigida por Andrew Bailey, presidente del FSB, a los ministros de Finanzas y a los gobernadores de los bancos centrales del G20. El documento se publicó el lunes, antes de la reunión del grupo prevista para el jueves.
El organismo considera especialmente problemática la falta de normas comunes para las stablecoins, cuyo valor suele estar vinculado a una moneda tradicional, como el dólar estadounidense. Entre las más conocidas se encuentran Tether (USDT) y USD Coin (USDC).
Una evaluación publicada en 2025 muestra la magnitud del desfase: solo 11 de los 28 países y jurisdicciones analizados habían completado su marco regulatorio. Para el FSB, la situación resulta más delicada por el aumento del uso de estas monedas digitales en operaciones internacionales.
El funcionamiento transfronterizo de las stablecoins complica la supervisión. Una moneda puede emitirse en un país mientras las reservas que respaldan su valor se custodian en otros. Esas reservas pueden incluir depósitos bancarios y bonos del Tesoro estadounidense. Si el emisor atraviesa dificultades, no siempre está claro qué autoridad debe intervenir ni cómo podrán los usuarios recuperar su dinero.
Una oleada de reembolsos podría trasladar la tensión a los mercados
El FSB identifica como uno de los principales escenarios de riesgo una retirada masiva de fondos. Si muchos usuarios intentaran canjear a la vez sus stablecoins por dinero tradicional, los emisores tendrían que recurrir rápidamente a sus reservas.
Eso podría traducirse en ventas importantes de bonos del Tesoro estadounidense o en retiradas de fondos depositados en bancos. Una venta simultánea de un volumen elevado de deuda puede presionar a la baja sus precios, mientras que los bancos podrían afrontar tensiones de liquidez si los emisores retiran grandes cantidades de dinero en poco tiempo.
El problema puede ser aún más complejo cuando una misma stablecoin cuenta con varios emisores. Los usuarios podrían concentrar sus solicitudes en una sola entidad, aunque las reservas estén distribuidas entre distintos países. En ese caso, no todos los tenedores tendrían necesariamente acceso a sus fondos al mismo tiempo.
El FSB no es el único organismo que ha señalado este riesgo. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, ya expresó en 2025 su preocupación por las stablecoins emitidas dentro y fuera de la Unión Europea. A su juicio, las diferencias entre las normativas nacionales pueden dificultar la supervisión cuando los emisores afrontan problemas financieros.
La IA añade riesgos de concentración y ciberseguridad
La segunda amenaza destacada por el FSB procede del uso creciente de la inteligencia artificial en el sector financiero. Los bancos emplean estas herramientas para detectar fraudes, analizar grandes volúmenes de información y automatizar tareas, pero la dependencia de sistemas similares puede aumentar la vulnerabilidad del conjunto del sector.
Si varias entidades utilizan el mismo sistema de IA o dependen de un proveedor tecnológico externo y ese servicio falla o sufre un ciberataque, el impacto podría afectar a muchas instituciones al mismo tiempo. Además, los delincuentes pueden servirse de la IA para realizar ataques más sofisticados contra los sistemas bancarios y los datos de los clientes.
El organismo también observa riesgos en los mercados financieros. A medida que más sistemas de negociación emplean algoritmos para decidir automáticamente cuándo comprar o vender, una reacción similar ante la misma información puede amplificar los movimientos del mercado y acelerar una oleada de ventas.
Para afrontar estas amenazas, el FSB ha elaborado doce directrices sobre el uso responsable de la IA en las finanzas. Sus propuestas abarcan la supervisión interna, el desarrollo y la aplicación de estos sistemas, la ciberseguridad y la dependencia de proveedores externos. Las directrices se presentaron en junio y están ultimadas para su debate en el G20. Bailey ha pedido a los países miembros que las respalden y ha defendido una supervisión continua ante la velocidad de evolución de esta tecnología.










