Bill Ackman atribuye parte de la creciente volatilidad de las acciones al peso cada vez mayor del trading a muy corto plazo. El gestor de fondos de cobertura sostiene que la convivencia entre inversores pasivos, que mantienen sus posiciones durante largos periodos, y operadores que buscan aprovechar movimientos de apenas unas horas está amplificando las reacciones del mercado a los resultados empresariales.
La temporada de resultados vuelve a poner a prueba al mercado
La nueva ronda de cuentas trimestrales en Estados Unidos comenzará el martes 13 de octubre con la publicación de los resultados de JPMorgan. A partir de ese momento, los inversores analizarán no solo las cifras de los últimos tres meses, sino también las previsiones de las compañías para los próximos meses.
Entre los asuntos que concentrarán la atención figuran las inversiones en inteligencia artificial, la evolución del dólar y el impacto de la subida del petróleo. Sin embargo, otro elemento ha ganado relevancia: la intensidad de las reacciones bursátiles después de que las empresas presenten sus cuentas.
En la anterior temporada de resultados, Alphabet, matriz de Google, perdió un 7% tras comunicar sus cifras. IBM llegó a caer un 25% después de publicar sus resultados preliminares. En el extremo contrario, Palantir avanzó un 30%. Son oscilaciones especialmente llamativas en compañías con una elevada capitalización bursátil.
Dos grupos de inversores con comportamientos opuestos
La explicación de Ackman parte de dos cambios en la estructura del mercado. El primero es el crecimiento de la inversión pasiva. Cada vez más inversores canalizan su ahorro a través de fondos indexados y fondos cotizados (ETF), productos que permiten mantener una cartera diversificada sin revisar de forma constante cada empresa.
Estos inversores suelen reaccionar menos ante noticias cuyo efecto parece limitado al corto plazo. Si una acción se desploma después de presentar resultados, pueden mantener sus posiciones en lugar de vender de inmediato. Ese comportamiento contrasta con el de determinados fondos de cobertura, que han orientado una mayor parte de su actividad hacia los resultados a corto plazo.
Ackman menciona a firmas como Citadel y Millennium, cuyos modelos de negociación tratan de capturar variaciones de las cotizaciones en periodos breves. Además, sus gestores suelen ser evaluados por la rentabilidad obtenida en plazos limitados. En ese contexto, la evolución de una acción durante cinco años puede tener menos peso que el resultado del fondo antes de que termine el ejercicio.
El gestor también apunta al aumento de la actividad entre los inversores particulares. Según los datos citados en la fuente, una cuarta parte de los hombres estadounidenses de entre 18 y 29 años opera diariamente con acciones. Asimismo, casi la mitad del volumen de opciones de inversores particulares procesado por Citadel Securities corresponde a contratos que vencen el mismo día.
Una hipótesis que no descarta otras causas
En opinión de Ackman, esta combinación puede hacer que los operadores activos tengan una influencia creciente sobre acciones concretas. Ante unos resultados decepcionantes, algunos venden rápidamente para limitar pérdidas, lo que puede profundizar la caída inicial. Cuando las cifras superan las expectativas, el mecanismo puede actuar en sentido contrario y acelerar las compras.
La fuente subraya, no obstante, que la observación de Ackman no demuestra que el auge del trading de corto plazo sea la principal causa de las mayores oscilaciones. Una caída intensa también puede reflejar problemas estructurales, como una menor demanda, costes más elevados o un deterioro de las previsiones de beneficios.
Las próximas cuentas de JPMorgan abrirán una nueva etapa de resultados en la que el mercado deberá valorar tanto las cifras como la respuesta inmediata de las cotizaciones. La reacción, especialmente en las grandes compañías tecnológicas por su peso en los índices, será otro indicador del papel que están desempeñando las estrategias de negociación a corto plazo.











