Las principales economías del mundo se encaminan hacia sus mayores déficits públicos desde la pandemia. El Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que el déficit medio de las economías avanzadas alcanzará este año el 5,2% del PIB, el nivel más elevado desde 2021, y reclama a los gobiernos que saneen sus cuentas con urgencia.
El deterioro se produce pese a que la economía mundial mantiene por ahora una relativa resistencia. El organismo prevé un crecimiento global del 3,1% este año y del 3,4% en 2027. Sin embargo, la combinación de un endeudamiento elevado, déficits abultados y unos costes de financiación cada vez mayores está reduciendo el margen de maniobra de los gobiernos.
Estados Unidos y China concentran los mayores desequilibrios
Estados Unidos y China destacan especialmente en las previsiones del FMI. El déficit público estadounidense rondará este año el 8,5% del PIB, una cifra que representa un claro deterioro respecto a 2025. En China, el desfase entre ingresos y gastos públicos se situará en torno al 8% del PIB o por encima de ese nivel.
El problema no se limita al volumen de deuda acumulada. La rentabilidad de los bonos se encuentra en máximos de varias décadas en algunas de las principales economías, lo que encarece tanto la emisión de nueva deuda como la refinanciación de los vencimientos. A medida que los gobiernos sustituyen deuda antigua por nueva financiación a tipos más altos, el pago de intereses absorbe una parte creciente de los presupuestos.
El FMI prevé que la deuda pública mundial se acerque al 100% del PIB global antes de que termine esta década. Con ese nivel de endeudamiento, los países quedan más expuestos a nuevas subidas de los tipos de interés. Un aumento de los costes financieros puede elevar rápidamente el gasto asociado a la deuda y dejar menos recursos disponibles para otras partidas públicas.
El riesgo de una mayor presión sobre los bancos centrales
El organismo advierte de que los riesgos fiscales y los tipos de interés elevados pueden reforzarse mutuamente. Un déficit alto aumenta las necesidades de financiación del Estado, mientras que unos tipos más elevados encarecen esa financiación y dificultan la estabilización de las cuentas públicas.
Esta dinámica también puede trasladarse a la política monetaria. Si el gasto en intereses sigue aumentando al mismo tiempo que los gobiernos mantienen déficits elevados, puede crecer la presión política para limitar las subidas de tipos o aceptar durante más tiempo una inflación por encima del objetivo. Según el FMI, esto pondría a prueba la credibilidad de los bancos centrales.
El riesgo resulta especialmente relevante porque una deuda pública elevada reduce la capacidad de respuesta ante nuevas crisis. Cuando una parte importante del presupuesto ya está comprometida con el servicio de la deuda, los gobiernos disponen de menos espacio para aplicar estímulos o atender necesidades extraordinarias.
El crecimiento se mantiene, pero está más concentrado
La economía mundial conserva algunos apoyos. El FMI atribuye parte del crecimiento previsto a las fuertes inversiones en infraestructuras de inteligencia artificial. Aun así, el avance se concentra cada vez más en un número reducido de economías, que aportan una proporción creciente del crecimiento global.
El mensaje del organismo combina, por tanto, dos realidades. La actividad no se ha frenado de forma generalizada y las previsiones siguen apuntando a una expansión mundial. Pero esa resistencia convive con déficits públicos en máximos desde la pandemia, una deuda que se aproxima al tamaño de la economía global y unos costes de financiación al alza. Para el FMI, esa combinación vuelve al sistema financiero más vulnerable y hace urgente la consolidación de las finanzas públicas.










