Irán asegura que puede reabrir el estrecho de Ormuz en seis días si Estados Unidos acepta las siete condiciones que Teherán remitió a Washington a mediados de septiembre. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, reiteró el domingo en Bagdad que la propuesta sigue vigente, aunque las negociaciones permanecen bloqueadas desde hace semanas.
Según Araghchi, nada impediría recuperar el tráfico por esta vía marítima si Estados Unidos actúa “de buena fe”. Entre las exigencias planteadas figuran el levantamiento del bloqueo sobre los puertos iraníes, la retirada de las sanciones al petróleo del país y el fin de los combates en la región. Si Washington aceptara el planteamiento, Irán reabriría el estrecho en seis días y las conversaciones se reanudarían al día siguiente.
El orden de las negociaciones bloquea el acuerdo
La principal diferencia entre ambas partes no se limita a las condiciones, sino también a la secuencia de los asuntos que deberían abordarse. Teherán quiere que la primera fase se centre en la reapertura de Ormuz. Estados Unidos, en cambio, pretende discutir de inmediato el programa nuclear iraní.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, afirmó a principios de este mes que Irán debe reducir de forma tangible su capacidad de enriquecimiento de uranio. Este proceso permite elevar la pureza del material para producir combustible nuclear, aunque un grado de enriquecimiento elevado también puede utilizarse para fabricar un arma atómica.
La disputa sobre el calendario determina, en la práctica, la capacidad de presión de cada Gobierno. Antes de la guerra, por el estrecho circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados en el mundo. Para Irán, esa importancia convierte a Ormuz en su principal baza negociadora. Washington, por su parte, no quiere renunciar al bloqueo ni a las sanciones sin obtener avances sobre el programa nuclear.
Más ataques y miles de marineros atrapados
El bloqueo diplomático tiene también consecuencias directas sobre el transporte marítimo. El Financial Times ha informado de que 24 buques fueron atacados en un periodo de unas dos semanas, una media cercana a dos incidentes diarios.
Arsenio Domínguez, secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), advirtió a Fox News de que existe un “doble bloqueo” y de que demasiados buques han sufrido ataques, especialmente en los últimos días. Según sus datos, unos 6.000 marineros permanecen atrapados desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero.
Hasta el 9 de octubre, la OMI había registrado 100 incidentes confirmados en la región y 24 marineros fallecidos. Irán acusa además a la Armada estadounidense de lanzar mensajes intimidatorios a través del canal 16 de VHF, la frecuencia internacional destinada a las llamadas de socorro marítimo. Teherán no presentó pruebas de esa acusación. El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) sostiene que las comunicaciones relacionadas con el bloqueo se realizan de manera profesional.
Domínguez mantiene por ahora la recomendación de no navegar por el estrecho mientras no existan garantías de seguridad.
El impacto sobre el petróleo y los costes
La reducción del tráfico de petroleros ha limitado la oferta y ha empujado al alza el precio del crudo. El Brent, referencia europea, se mantiene por encima de los 100 dólares por barril, frente a los cerca de 70 dólares anteriores a la guerra.
El encarecimiento responde tanto a la escasez efectiva de suministro como a la prima de riesgo que los operadores incorporan ante la posibilidad de nuevos ataques contra buques. Esa prima podría desaparecer con rapidez si llegan noticias favorables, pero la falta de petróleo no se resolverá hasta que el tráfico marítimo se normalice.
El efecto alcanza también al transporte, los plásticos y los fertilizantes, cuyos mayores costes pueden trasladarse a los precios finales. Esa presión añade complicaciones a la política monetaria, al aumentar la necesidad de mantener una postura más restrictiva en un momento que los inversores preferirían evitar.











