Elon Musk ha confirmado que SpaceX y Tesla han creado comités formados por consejeros independientes para estudiar una posible fusión. El empresario considera que la operación sería positiva, aunque todavía no se han definido sus condiciones ni está claro que vaya a contar con el respaldo suficiente de los accionistas de Tesla. Juntas, ambas compañías alcanzarían un valor cercano a los 3,5 billones de dólares y, si el acuerdo prosperara, protagonizarían la mayor fusión empresarial de la historia.
Comités independientes y una operación aún abierta
La confirmación llegó durante la presentación de los resultados trimestrales de SpaceX, después de que Musk recibiera una pregunta sobre una eventual integración con Tesla. El fundador de ambas compañías se mostró inicialmente prudente, pero terminó revelando que los comités ya están trabajando en el análisis de la operación.
Musk no puede participar directamente en las conversaciones debido a sus intereses en las dos empresas. Sí expresó, en cambio, su opinión favorable cuando le preguntaron si consideraba que la fusión sería una buena idea. Según el empresario, la combinación ofrecería numerosas ventajas, aunque por ahora no existe un acuerdo sobre la estructura o las condiciones de la transacción.
El posible respaldo de los accionistas de Tesla representa uno de los principales interrogantes. La reacción inicial de los mercados fue positiva: las acciones de SpaceX llegaron a subir un 9% tras el cierre de Wall Street, mientras que las de Tesla avanzaron hasta un 1,8%.
La unión reuniría negocios de vehículos eléctricos, baterías, cohetes, satélites e inteligencia artificial. Musk ve especialmente atractiva la conexión entre esta última tecnología y los vehículos autónomos, los robots humanoides y los centros de datos situados en el espacio.
SpaceX supera las previsiones con el impulso de la inteligencia artificial
El anuncio se produjo tras unos resultados trimestrales de SpaceX que superaron ampliamente las expectativas. La compañía registró un beneficio neto de 4.400 millones de dólares en el tercer trimestre, frente a los 1.880 millones que esperaban los analistas. Sus ingresos crecieron un 161% interanual.
La división de inteligencia artificial, rebautizada como Super Intelligence, fue uno de los principales motores del avance. Sus ingresos alcanzaron los 7.560 millones de dólares, más de nueve veces la cifra del mismo periodo del año anterior. El negocio proporciona capacidad de cálculo e infraestructura a empresas como Anthropic y Google, y también se beneficia de la demanda de Grok, el modelo de IA de xAI, otra compañía vinculada a Musk.
El área obtuvo un beneficio operativo de 431 millones de dólares, frente a las pérdidas de 1.700 millones registradas un año antes. Además, SpaceX adquirió en agosto Cursor, desarrolladora de un asistente de programación basado en inteligencia artificial.
El director financiero de SpaceX, Bret Johnsen, prevé que los ingresos totales puedan alcanzar los 37.000 millones de dólares en el primer trimestre del próximo año. Para sostener ese crecimiento, la empresa mantiene conversaciones con posibles prestamistas.
Starlink crece, aunque por debajo de las previsiones
Starlink cerró el tercer trimestre con 13,6 millones de abonados, una cifra inferior a la prevista por los analistas. Aun así, los ingresos del negocio de conectividad aumentaron un 69%, hasta los 5.250 millones de dólares. El crecimiento estuvo apoyado por la demanda de conexión a internet en aviones y por el servicio militar de comunicaciones por satélite Starshield.
La división de cohetes avanzó a un ritmo más moderado. Sus ingresos procedentes del desarrollo y la explotación de cohetes y naves espaciales crecieron un 6%, hasta los 1.770 millones de dólares.
En paralelo, Musk centra sus esfuerzos en el próximo vuelo de prueba de Starship, previsto para el mes que viene. SpaceX quiere recuperar tanto el propulsor como la nave mediante un sistema de captura que permita reutilizarlos. La compañía también planea realizar a comienzos del próximo año su primer intento de repostaje de Starship en órbita terrestre, una tecnología necesaria para las misiones lunares previstas por la NASA y para lanzar en el futuro satélites Starlink de mayor tamaño.










