Los bancos centrales están acelerando la compra de oro y, al mismo tiempo, reduciendo parte del metal que mantienen custodiado en Estados Unidos. El movimiento refleja una preocupación creciente por el acceso a las reservas en caso de una crisis geopolítica y por la dependencia del dólar y de otras divisas occidentales.
Las entidades centrales adquirieron alrededor de 79 toneladas de oro en agosto, según las estimaciones de Goldman Sachs. El volumen supera en más de cuatro veces la media mensual de 17 toneladas registrada antes de 2022, cuando comenzó la guerra en Ucrania. El ritmo tampoco parece limitado a un solo mes: la media de los tres últimos meses, una vez corregidos los efectos estacionales, alcanzó las 85 toneladas mensuales. Mantener ese nivel supondría superar las 1.000 toneladas anuales.
China fue el mayor comprador identificado por Goldman Sachs, con unas 25 toneladas. Para el banco de inversión, siguen vigentes los argumentos que llevan a los bancos centrales a disminuir su exposición al dólar y a otras monedas de reserva occidentales.
El oro gana atractivo como reserva que no depende de otro Estado
La experiencia posterior a la invasión rusa de Ucrania es uno de los principales puntos de referencia. Occidente congeló entonces unos 300.000 millones de dólares en reservas de Rusia. Las tenencias denominadas en dólares o euros constituyen un derecho de cobro frente a otro país y, por tanto, pueden quedar bloqueadas por una decisión política o financiera.
El oro funciona de otra manera. Un lingote no representa la promesa de pago de un Gobierno ni de un banco, por lo que se considera un activo neutral. Su oferta también es limitada: ningún banco central puede crearlo mediante una decisión monetaria y la producción minera solo incrementa ligeramente las existencias cada año. Además, el metal no se deteriora y lleva siglos utilizándose como reserva de valor.
Los defensores de Bitcoin (BTC) atribuyen propiedades similares a la criptomoneda. Su protocolo limita la emisión a 21 millones de unidades y no está controlado por un Gobierno o un banco central. Su naturaleza digital, además, permite transferirlo entre países con mayor facilidad que el oro físico. La fuente presenta estas características como argumentos de sus partidarios, no como una decisión adoptada por los bancos centrales.
Países europeos trasladan reservas fuera de Nueva York
La neutralidad del oro tiene un límite cuando el metal se almacena en el extranjero: el acceso depende, en última instancia, de la jurisdicción donde se encuentra la cámara acorazada. Por eso el debate no se centra únicamente en cuánto oro acumulan los bancos centrales occidentales, que ya disponen de grandes reservas, sino también en dónde lo custodian.
El banco central de los Países Bajos confirmó el mes pasado el traslado de unas 86 toneladas desde Nueva York y Ottawa a Londres, una operación ejecutada durante seis meses. La entidad justificó la decisión por el aumento de la inestabilidad geopolítica y señaló que el oro depositado en el Banco de Inglaterra es el que puede negociarse con mayor facilidad y movilizarse más rápidamente en una crisis.
Olaf Sleijpen, presidente del DNB, describió el traslado como una medida preventiva. Según explicó, la entidad no espera tener que utilizar esas reservas, pero considera necesario reforzar su capacidad de resistencia y preparación.
Francia retiró entre julio de 2025 y enero de 2026 todo el oro que mantenía en la Reserva Federal de Nueva York. París no vinculó la decisión a motivos geopolíticos, sino a una cuestión de pureza: el metal custodiado en Estados Unidos no cumplía el estándar del 99,99 %. El efecto práctico, no obstante, fue el mismo. En agosto, las reservas de bancos centrales extranjeros depositadas en la Fed descendieron en 40 toneladas, mientras que las custodiadas en el Banco de Inglaterra aumentaron en 46 toneladas.
Más cautela sobre el dólar y la localización de las reservas
La encuesta de Goldman Sachs entre bancos centrales apunta a una mayor reserva a la hora de revelar dónde se guarda el oro. El 12 % prefirió no responder a esa pregunta este año, frente al 10 % anterior. Cuando se les preguntó por los próximos doce meses, el porcentaje ascendió al 18 %.
En Alemania e Italia, algunos políticos han reclamado retirar más reservas de Estados Unidos, en parte por la actitud del presidente Donald Trump hacia Europa, incluida su amenaza de tomar Groenlandia. El Bundesbank no comparte esa inquietud y sostiene que Estados Unidos se perjudicaría si pusiera en riesgo la confianza de los mercados financieros.
Los movimientos físicos ofrecen, sin embargo, una señal difícil de ignorar. Trasladar decenas de toneladas de oro requiere meses y costes elevados, por lo que las operaciones suelen interpretarse como una valoración más profunda que una declaración pública. En la encuesta del Consejo Mundial del Oro entre 76 bancos centrales, el 74 % prevé que el peso del dólar en las reservas mundiales disminuya durante los próximos cinco años. Además, el 73 % cita la ausencia de riesgo de impago como una razón para mantener oro.
Krishan Gopaul, analista sénior del Consejo Mundial del Oro, no considera que los traslados anticipen ventas. A su juicio, sí muestran que, para los bancos centrales, la seguridad de un activo ya no basta: también importa quién controla el lugar donde se guarda.










