La minería de Bitcoin consume ya el equivalente a más del 30% de la electricidad de Paraguay, un volumen comparable al generado por más de una turbina de la represa de Itaipú. La dimensión de esa demanda está empezando a presionar la planificación energética del país.
Una demanda con peso en el sistema eléctrico
El crecimiento de las operaciones de minería ha convertido a esta industria en un consumidor relevante dentro del mercado paraguayo. Su gasto eléctrico, medido en relación con la capacidad de Itaipú, supera la producción de una de las turbinas de la hidroeléctrica.
La comparación permite dimensionar el impacto de una actividad que necesita un suministro constante para mantener en funcionamiento los equipos dedicados a validar transacciones y obtener nuevos bitcoins. No se trata, por tanto, de una demanda puntual, sino de una carga que debe incorporarse a las previsiones del sistema.
Presión sobre la planificación energética
El principal efecto señalado es el acortamiento de los plazos con los que las autoridades deben planificar la oferta eléctrica. La expansión de la minería introduce nuevas necesidades de consumo y obliga a revisar con mayor rapidez la capacidad disponible y las previsiones de demanda.
El caso paraguayo refleja una de las tensiones asociadas a la llegada de grandes operadores de minería a países con abundante generación hidroeléctrica: la disponibilidad de energía puede atraer a la industria, pero su crecimiento también modifica el equilibrio previsto para el sistema eléctrico. En Paraguay, el consumo atribuido a la minería de Bitcoin ya alcanza una escala suficiente para condicionar esa planificación.










