La Administración de Donald Trump estudia trabajar con North American Blue Energy Partners, la empresa del empresario venezolano Alejandro Betancourt, para reactivar la industria petrolera de Venezuela. El plan abarcaría reservas superiores a 65.000 millones de barriles y convertiría en socio estratégico de Washington a un empresario marcado por su pasado en el sector eléctrico y por una investigación internacional por presunto blanqueo de capitales.
La información, adelantada por Financial Times, sitúa a Betancourt en el centro de lo que Trump ha definido como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”. El movimiento se produce apenas tres meses después de que el empresario pudiera abandonar el Reino Unido, donde permanecía retenido por una solicitud de extradición cursada por Suiza.
De empresario investigado a pieza del plan petrolero
Durante años, Washington presentó a Venezuela como una dictadura corrupta que había llevado al colapso su propia industria petrolera. Sin embargo, tras la detención de Nicolás Maduro y el nuevo equilibrio de poder en Caracas, la Administración Trump busca ahora reactivar la economía del país. Para esa tarea necesita operadores con conocimiento del sistema venezolano y capacidad para moverse entre sus redes políticas y empresariales.
Betancourt encaja en ese perfil, aunque su trayectoria también genera controversia. En Venezuela se le conoce como un bolichico, término utilizado para referirse a empresarios que amasaron fortunas gracias a sus conexiones con el poder durante la revolución bolivariana de Hugo Chávez. Sus partidarios destacan su capacidad para resolver problemas de financiación y logística. Sus detractores lo consideran, en cambio, uno de los representantes de la élite que prosperó mientras el país se hundía en la crisis.
La colaboración que estudia Estados Unidos no elimina ese historial. La investigación suiza por presunto blanqueo de capitales seguía condicionando su situación en el Reino Unido hasta mayo de este año. Además, su principal empresa anterior, Derwick Associates, fue señalada por organizaciones anticorrupción y por una comisión parlamentaria venezolana por supuestamente inflar de forma sustancial el precio de contratos públicos. No se presentaron cargos formales y la compañía negó haber cometido irregularidades.
El antecedente de Petrozamora
La experiencia que ha atraído la atención de Washington se encuentra en el negocio petrolero. Betancourt recuperó el control del proyecto Petrozamora y, según la información disponible, la producción pasó de 20.000 a 200.000 barriles diarios. Ese aumento habría convencido a responsables estadounidenses de que puede aportar resultados en un sector cuya capacidad operativa se ha deteriorado durante años.
La propuesta que manejan las autoridades estadounidenses consistiría en crear una estructura similar a una “mini-PDVSA”, capaz de tomar decisiones y operar con mayor rapidez que la debilitada petrolera estatal venezolana. Betancourt aportaría conocimiento local, contactos políticos y experiencia sobre el terreno. Estados Unidos, por su parte, ofrecería garantías y trataría de proteger sus intereses geopolíticos.
Un acuerdo con un alto coste reputacional
El eventual papel de North American Blue Energy Partners coloca a Trump ante una contradicción política. El empresario al que ahora se considera útil para reconstruir la producción petrolera también simboliza, para muchos venezolanos, el modelo de negocios asociado a la etapa de Chávez: contratos públicos, acceso privilegiado al poder y enriquecimiento privado en medio del deterioro nacional.
La decisión final y el alcance del proyecto no se detallan en la información publicada. Por ahora, la operación refleja el pragmatismo de Washington: para volver a poner en marcha el petróleo venezolano, la Administración Trump parece dispuesta a recurrir a un empresario cuyo pasado sigue siendo objeto de escrutinio.











