Donald Trump insiste en que los tipos de interés estadounidenses deben bajar, mientras el mercado empieza a descontar que la Reserva Federal (Fed) podría elevarlos este mes. La decisión dependerá en buena medida del informe de empleo de agosto, que se publicará el viernes y será el último gran indicador antes de la reunión de septiembre.
Trump dice confiar en Warsh pese al desacuerdo
El presidente de Estados Unidos afirmó ayer que respeta al presidente de la Fed, Kevin Warsh, al que él mismo eligió para el cargo. “Le tengo mucho respeto y hará lo que tenga que hacer”, declaró desde la Casa Blanca. Sin embargo, Trump volvió a defender que el precio del dinero es demasiado elevado.
“Creo que nuestros tipos son demasiado altos”, insistió. A su juicio, Estados Unidos debería tener “los tipos más bajos del mundo” y la inflación responde a razones distintas del crecimiento y el éxito económico. Esa visión entra en conflicto con el enfoque habitual de los bancos centrales, que utilizan las subidas de tipos para enfriar una economía recalentada y contener las presiones sobre los precios.
En esta ocasión, la inflación está relacionada en parte con un problema de oferta. La guerra de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz han reducido el suministro de petróleo. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, considera poco habitual responder a un shock de este tipo con una subida de tipos: unos costes de financiación más elevados no harán que aumente el número de petroleros que atraviesan ese paso marítimo. Su argumento es que el impacto sobre los precios será temporal y que la inflación subyacente ya estaba descendiendo antes del conflicto.
La inflación mantiene abierta la puerta a una subida
Warsh ha adoptado una posición más dura. En su intervención del pasado viernes en Jackson Hole advirtió de que la inflación se ha extendido por toda la economía y señaló los tipos de interés como la principal herramienta de la Fed. También sostuvo que el mercado laboral funciona prácticamente a pleno rendimiento, aunque los precios siguen creciendo demasiado y no muestran una mejora suficiente.
Los datos ofrecen argumentos al presidente del banco central. La inflación PCE, el indicador de precios preferido por la Fed, se sitúa en el 3,7% interanual. Además, el encarecimiento no se limita a unos pocos productos: el 54% de todos ellos subió más de un 3% durante el último año, frente a una media del 32% antes de la pandemia.
El mercado interpretó el discurso de Warsh como una señal de endurecimiento. La probabilidad de una subida en la reunión de septiembre pasó de alrededor del 30% al 57%. Aun así, la Fed no puede centrarse únicamente en la inflación. Su mandato incluye también alcanzar el máximo empleo, y unos tipos más altos pueden deteriorar el mercado laboral.
Las últimas cifras han introducido dudas. En julio se destruyeron inesperadamente 23.000 puestos de trabajo, cuando los economistas esperaban la creación de unos 80.000. La tasa de paro bajó al 4,1%, pero principalmente porque parte de la población abandonó el mercado laboral. El crecimiento salarial, además, cayó a su nivel más bajo en más de cinco años.
El informe de empleo de agosto puede inclinar el debate. Si el mercado laboral mantiene su solidez, habrá menos obstáculos para subir los tipos. Una cifra débil, en cambio, aumentaría de nuevo la posibilidad de que la Fed mantenga su pausa.
La presión también llega desde el mercado de bonos
La disputa no se limita al tipo oficial. La rentabilidad de la deuda pública estadounidense a largo plazo también está subiendo. El rendimiento del bono a diez años alcanzó ayer su nivel más alto en 19 meses, mientras que el bono a treinta años había llegado al 5,32%, su cota más elevada desde antes de la crisis financiera de 2008.
Ese movimiento encarece las hipotecas, los préstamos empresariales y la financiación del propio Gobierno. Washington ya destina más dinero al pago de intereses que a defensa. Para los inversores, unas rentabilidades más altas en la deuda pública reducen el atractivo relativo de los activos de riesgo, entre ellos las acciones, Bitcoin (BTC) y los metales preciosos.
El Departamento del Tesoro duplicará desde el 9 de septiembre las recompras de deuda pública a largo plazo. Oficialmente, la medida busca preservar la fluidez del mercado, aunque algunos analistas la interpretan como una forma indirecta de influir sobre los rendimientos. Bessent sostiene que él y Warsh están “en la misma línea” respecto al mercado de bonos, pero sus prioridades difieren: la Fed debe contener la inflación y el Tesoro intenta mantener controlado el coste de la deuda. La evolución del dólar, castigado por estas intervenciones, refleja una tensión que el mercado sigue de cerca.











