El oro ha perdido alrededor de un 7% en una semana y ha regresado al nivel que tenía antes de la intervención de Scott Bessent en el mercado de deuda estadounidense. El metal precioso cotiza cerca de los 4.370 dólares por onza, su precio más bajo desde el 19 de agosto, después de haber superado los 4.700 dólares pocos días antes.
El repunte provocado por Bessent queda completamente anulado
El movimiento empezó el 19 de agosto, cuando el secretario del Tesoro de Estados Unidos anunció una ampliación significativa de las recompras de bonos públicos con vencimientos largos. La medida buscaba contener el fuerte repunte de los tipos de interés a largo plazo, que estaba encareciendo la financiación para hogares, empresas y el propio Gobierno estadounidense.
Hasta entonces, la rentabilidad del bono estadounidense a 30 años había llegado al 5,34% a comienzos de agosto, su nivel más alto en 19 años. Las presiones inflacionistas, el volumen de deuda pública, el aumento del déficit presupuestario y la mayor demanda de capital asociada a las inversiones en inteligencia artificial figuraban entre los factores que empujaban al alza las rentabilidades.
Como respuesta, Bessent duplicó el importe máximo previsto para las recompras de deuda con vencimientos de entre 10 y 30 años: pasó de 2.000 millones de dólares a al menos 4.000 millones por operación. Un día después, dejó abierta la posibilidad de elevar todavía más esas cantidades si fuese necesario. En Washington también se debate utilizar parte de los cerca de 950.000 millones de dólares acumulados en la cuenta de caja del Departamento del Tesoro para realizar compras adicionales.
En un primer momento, la estrategia tuvo el efecto esperado. Los precios de los bonos subieron, sus rentabilidades descendieron y el dólar se debilitó. Esa combinación favoreció tanto al oro como a Bitcoin (BTC), ya que la deuda pública considerada segura ofrecía entonces una remuneración menor.
El mercado vuelve a poner el foco en los tipos
La recuperación del oro también estuvo vinculada a la llamada operación contra la depreciación monetaria. Esta estrategia consiste en buscar activos escasos, como el oro o Bitcoin, ante el temor de que el endeudamiento público y la intervención de los gobiernos terminen reduciendo el poder adquisitivo de las monedas tradicionales.
Sin embargo, el movimiento se ha revertido. La rentabilidad del bono estadounidense a diez años ha vuelto a situarse por encima del 4,75%, incluso por encima del nivel que registraba alrededor del primer anuncio de Bessent. El repunte de los rendimientos ha restado atractivo al oro, un activo que no genera intereses, y ha debilitado el impulso que había recibido tras la caída inicial de los tipos largos.
El viernes se añadió otro elemento de presión. En Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, afirmó que todavía queda “más trabajo por hacer” para devolver la inflación a su objetivo. Después de sus palabras, el mercado elevó hasta aproximadamente el 64% la probabilidad de una subida de tipos en septiembre, frente al 36% que descontaba previamente.
El oro queda expuesto a la evolución del mercado de bonos
Unos tipos de interés más altos suelen hacer menos competitivo al oro frente a los activos que sí ofrecen una rentabilidad. Bitcoin también tiende a reaccionar negativamente cuando suben el dólar y los rendimientos de la deuda estadounidense.
La evolución de los últimos días muestra, por tanto, la estrecha dependencia que mantiene actualmente el oro respecto al mercado de bonos de Estados Unidos. La intervención de Bessent consiguió presionar temporalmente a la baja los tipos a largo plazo, pero la subida posterior de las rentabilidades ha devuelto al metal precioso al punto de partida y ha borrado el repunte registrado tras el anuncio.











