La rentabilidad del bono japonés a 10 años subió brevemente el martes hasta el 3%, su nivel más alto desde 1996, en un nuevo episodio de presión sobre la deuda pública mundial. El movimiento refuerza la señal de que las ventas ya no se concentran únicamente en el mercado estadounidense y refleja el aumento de las dudas sobre la inflación, los tipos de interés y la sostenibilidad de las cuentas públicas.
La deuda japonesa se suma a la presión global
El repunte del bono japonés se produjo en una jornada de nuevas subidas en Estados Unidos. La rentabilidad del Treasury a 10 años alcanzó el 4,78%, mientras que la referencia a 30 años llegó al 5,27%. En ambos casos, el mercado afronta un escenario en el que los inversores exigen mayores retornos para mantener deuda a largo plazo.
El detonante inmediato es la combinación de una mayor tensión en Oriente Medio y unos precios del petróleo que continúan elevados. Ese contexto alimenta el temor a que la inflación sea más persistente de lo que esperan los bancos centrales. Como consecuencia, el mercado atribuye una probabilidad más alta a que las autoridades monetarias tengan que prolongar las subidas de tipos.
Andrew Pease, de Russell Investments, considera que esa es precisamente la dinámica que está dominando las cotizaciones: los inversores están descontando más posibilidades de nuevas subidas de tipos. La presión no procede solo de la inflación. Los gobiernos siguen aumentando su endeudamiento al mismo tiempo que se encarece la financiación.
Eric Robertsen, estratega de Standard Chartered, resume el problema señalando que la situación presupuestaria no mejora en ningún lugar y que, por ello, las rentabilidades a largo plazo carecen de un ancla clara.
La presión de Estados Unidos sobre Tokio
En este movimiento del mercado también ha adquirido relevancia la intervención de Scott Bessent. El secretario del Tesoro estadounidense mantuvo el lunes conversaciones con la ministra japonesa de Finanzas, Satsuki Katayama, y con el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, durante la reunión del G20 en Estados Unidos.
Según medios públicos japoneses, Bessent trasladó la idea de que Japón debería subir los tipos próximamente. Más tarde, en declaraciones a CNBC, afirmó que dispone de información que el mercado no conoce y que espera que el Gobierno japonés y el banco central adopten medidas capaces de impulsar el yen.
El mensaje llegó cuando los inversores ya esperaban una subida de 0,25 puntos porcentuales por parte del Banco de Japón el 18 de septiembre. Las palabras de Bessent reforzaron aún más esa expectativa y añadieron una dimensión política a las apuestas sobre la próxima decisión del banco central.
El yen y las cuentas públicas complican la posición de Japón
El Gobierno japonés afronta una combinación especialmente delicada. La primera ministra Sanae Takaichi quiere elevar el gasto mediante medidas de estímulo, partidas de defensa y una controvertida rebaja del impuesto al consumo. Estas iniciativas han aumentado las dudas sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas del país.
Al mismo tiempo, el yen continúa débil. Japón y Estados Unidos intervinieron conjuntamente en julio y agosto en el mercado de divisas para respaldar la moneda japonesa. Japón destinó a esa operación el equivalente a 96.400 millones de dólares, aunque más de la mitad de las ganancias obtenidas ya se ha evaporado.
El ascenso del bono a 10 años hasta el 3% concentra así varias tensiones: el temor a una inflación más duradera, la posibilidad de tipos más altos y el creciente coste de financiar unos déficits públicos que siguen sin ofrecer una mejora clara.












