La inteligencia artificial puede convertirse en un nuevo gran desafío para la seguridad nacional de Estados Unidos si las instituciones no identifican a tiempo cómo está transformando las amenazas ya conocidas. Esa es la principal advertencia de una evaluación elaborada por el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, 25 años después del informe de la Comisión del 11-S.
La comparación con los atentados de 2001 no alude a la tecnología en sí, sino al riesgo de que el Gobierno vuelva a reaccionar tarde ante una amenaza que evoluciona más deprisa que sus mecanismos de prevención. El comité considera que la IA puede amplificar vulnerabilidades existentes en áreas como la ciberseguridad, la desinformación y la biotecnología.
Una amenaza más amplia que el terrorismo internacional
Después del 11-S, la estrategia de seguridad estadounidense se concentró principalmente en las redes terroristas extranjeras. Ese cambio de enfoque impulsó, entre otras medidas, la creación de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional y del Centro Nacional de Contraterrorismo.
Según la nueva evaluación, el escenario actual es más complejo. Los Estados pueden combinar con mayor facilidad ciberataques, campañas de influencia y presión económica, mientras que las herramientas de IA permiten acelerar y abaratar algunas de esas operaciones.
Benjamin Buchanan, profesor de la Universidad Johns Hopkins, identifica un paralelismo con las conclusiones de la Comisión del 11-S. “La Comisión del 11-S concluyó que los atentados evidenciaron una falta de imaginación. Veinticinco años después, la IA plantea, a su manera, un desafío comparable”, sostiene. A su juicio, la tecnología está avanzando a un ritmo superior al de la capacidad de adaptación de las instituciones públicas.
Ciberataques, biotecnología y operaciones de influencia
El informe señala que la IA puede hacer que los ciberataques sean más rápidos y baratos. Al mismo tiempo, también puede utilizarse para mejorar las defensas. El comité plantea así un escenario de doble uso, en el que la misma tecnología puede reforzar la protección de sistemas críticos o facilitar nuevas formas de agresión.
La biotecnología representa otro de los ámbitos de preocupación. La combinación de IA e investigación biológica puede contribuir al desarrollo científico y de medicamentos, pero el conocimiento generado también podría emplearse de forma indebida para desarrollar armas biológicas, según la evaluación.
La injerencia extranjera ocupa igualmente un lugar central. Las herramientas de IA permiten a una sola entidad producir a gran escala voces falsas, vídeos manipulados y grandes cantidades de mensajes. El comité menciona expresamente a China, Rusia e Irán, países a los que atribuye el uso de operaciones encubiertas de influencia contra Estados Unidos.
El riesgo de que la respuesta llegue tarde
Ante este escenario, el Comité de Inteligencia considera que los servicios de inteligencia estadounidenses deben incorporar mucha más IA avanzada. La preocupación es que China, Rusia e Irán puedan utilizar estas herramientas con mayor rapidez y eficacia que los organismos encargados de detectar y frenar sus operaciones.
La evaluación no sostiene que la inteligencia artificial tenga que crear una amenaza completamente nueva para resultar peligrosa. Su capacidad para volver más rápidas, baratas y difíciles de detectar amenazas ya existentes puede ser suficiente para alterar el equilibrio de seguridad.
La advertencia central es, por tanto, institucional: Estados Unidos podría no estar preparado para la velocidad de esa evolución. El paralelismo con el 11-S se refiere a la posibilidad de que la falta de previsión y de adaptación vuelva a dejar al Gobierno por detrás de un riesgo que ya se está desarrollando.











