El gas europeo ha alcanzado su nivel más alto en más de tres años, impulsado por la incertidumbre sobre el suministro energético tras los nuevos ataques de Estados Unidos contra Irán. El repunte llega cuando las reservas de la Unión Europea están claramente por debajo de la media reciente, una combinación que vuelve a poner el coste del próximo invierno en el centro del debate económico.
El mercado del gas vuelve a mirar al golfo Pérsico
Los futuros del gas neerlandés para entrega el próximo mes llegaron a subir hasta 73,85 euros por megavatio hora durante las primeras operaciones europeas. Más tarde moderaron el avance y se situaron alrededor de 72,20 euros, aunque el precio todavía acumula una subida aproximada del 25% en el conjunto del mes.
El detonante inmediato ha sido la nueva escalada militar en torno a Irán. Los operadores temen que la inestabilidad en el golfo Pérsico se prolongue y termine afectando al suministro energético mundial. Para Europa, el riesgo se suma a una situación de partida menos cómoda que en años anteriores: las reservas de gas de la Unión Europea estaban llenas en torno al 63% en la última semana de agosto, frente a una media cercana al 80% en los últimos años.
El analista energético Greg Molnar calcula que, al ritmo actual de llenado, los almacenamientos europeos podrían alcanzar unos 72.000 millones de metros cúbicos. Esa cifra representaría alrededor de un 20% menos que la media de cinco años y sería el nivel más bajo desde 2013. Molnar advierte de que unas reservas reducidas elevan el riesgo de movimientos más bruscos de los precios durante el invierno.
La inflación energética vuelve a ganar peso
El encarecimiento del gas ya está teniendo reflejo en la inflación de la eurozona. La tasa interanual subió al 3,3% en agosto, desde el 2,9% registrado en julio. Dentro del índice, la inflación energética alcanzó el 14,3%, mientras que la subyacente, que excluye entre otros componentes la energía y los alimentos, se mantuvo en el 2,4%.
La brecha entre ambas cifras muestra el peso que está adquiriendo la energía en el repunte general de los precios. Si el gas permanece caro durante un periodo prolongado, hogares y empresas podrían afrontar una mayor presión sobre sus costes y su poder adquisitivo. Para la economía europea, además, el problema no se limita al recibo energético: una inflación más persistente puede complicar el entorno para el consumo y los beneficios empresariales.
Ormuz y la competencia por el gas natural licuado
Una de las principales incógnitas se concentra en el estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% de los envíos mundiales de gas natural licuado (GNL). Una nueva escalada en torno a Irán podría alterar los flujos internacionales y aumentar la competencia entre Europa y Asia por los cargamentos disponibles.
Los analistas de ING señalan que Europa está pagando actualmente lo suficiente para atraer cargamentos de GNL desde Asia. El banco, sin embargo, advierte de que esa competencia podría intensificarse si el gas procedente de Catar queda en gran medida fuera del mercado hasta finales de año.
Las previsiones más exigentes apuntan a un riesgo significativo si la interrupción del suministro se prolonga y el continente afronta un invierno frío. Goldman Sachs sostiene que el precio de referencia europeo podría superar los 100 euros por megavatio hora si las exportaciones energéticas de Oriente Medio no se normalizan gradualmente hasta 2027. Tancrede Fulop, analista de Morningstar, sitúa el escenario de un invierno frío entre 90 y 120 euros por megavatio hora.
La tensión geopolítica también se ha trasladado a otros mercados financieros: las bolsas asiáticas retrocedieron y Bitcoin reaccionó al aumento de la incertidumbre. La evolución del conflicto, el tránsito por Ormuz y la velocidad a la que Europa consiga recomponer sus reservas serán ahora los principales factores que vigilará el mercado.










