Blackstone volverá a limitar las retiradas de su fondo de crédito privado por segundo trimestre consecutivo. Los inversores solicitaron reembolsos equivalentes al 10% del valor del Blackstone Private Credit Fund durante el tercer trimestre, pero la gestora solo permitirá recuperar el 5%. La mitad del capital que los partícipes querían retirar seguirá, por tanto, dentro del vehículo.
El fondo es el mayor del mundo dentro de esta categoría, según la información disponible, y su decisión vuelve a poner el foco sobre la liquidez de un mercado que mueve alrededor de 1,8 billones de dólares. Estos productos invierten en préstamos a empresas que se financian fuera del sistema bancario tradicional, con frecuencia para respaldar adquisiciones realizadas por firmas de capital riesgo.
El problema aparece cuando muchos inversores intentan salir al mismo tiempo. Los préstamos que forman la cartera no cotizan en mercados organizados y no pueden venderse con facilidad. La puerta de salida existe, pero no está preparada para absorber cualquier volumen de solicitudes de manera inmediata.
Una parte de los reembolsos queda pendiente
Blackstone sostiene que los inversores que solicitaron retiradas en los dos últimos trimestres recibieron aproximadamente el 75% del importe pedido en un plazo de unos 90 días. El cuarto restante continúa bloqueado. El resultado es idéntico al del trimestre anterior: las peticiones alcanzaron el 10% del valor del fondo y la gestora atendió solo la mitad.
Si las solicitudes se mantienen cerca de ese nivel durante el cuarto trimestre, la lista de espera se prolongará. No se trata necesariamente de una liquidación forzosa de los activos, pero sí de una señal de que el fondo no puede convertir en efectivo toda la demanda de salidas al ritmo que desean sus inversores.
El software concentra buena parte de la presión
El origen de la inquietud está relacionado con préstamos concedidos durante los años de expansión del crédito. Entre 2020 y 2023, grandes gestoras como Blackstone, Blue Owl y Ares Management financiaron la compra de numerosas compañías de software, muchas de ellas con un elevado nivel de deuda.
Ahora esas empresas afrontan una incertidumbre adicional por el avance de la inteligencia artificial. Su modelo depende en buena medida de ingresos recurrentes por suscripciones, pero los clientes pueden desarrollar internamente soluciones similares o encontrar alternativas más baratas. Si los ingresos se debilitan, la deuda y los intereses permanecen.
Ni siquiera las firmas de capital riesgo propietarias de esas compañías tienen todavía una medida precisa del impacto que tendrá la IA sobre sus negocios. El mercado, sin embargo, ya refleja parte de ese riesgo. Un índice de PitchBook LCD que sigue préstamos a empresas de software cotiza por debajo de los 90 centavos por dólar: un préstamo con un valor nominal de 100 dólares se negocia por menos de 90.
Los datos de Ares Capital apuntan en la misma dirección. El volumen de préstamos cuyos clientes han dejado de pagar aumentó en el segundo trimestre hasta 708 millones de dólares, un 15% más que en el trimestre anterior.
El mercado resiste, pero pierde impulso
La crisis que algunos inversores temían todavía no se ha materializado. Los fondos de préstamos cotizados han recuperado cerca de un 10% desde sus mínimos del año, las gestoras están saneando sus posiciones más problemáticas y la mayoría de los dividendos se mantiene.
El deterioro sí se aprecia en el ritmo de entrada de capital. Los fondos no cotizados han captado este año un 82% menos de dinero nuevo, un freno relevante para un mercado de 1,8 billones de dólares.
Blackstone mantiene una visión más constructiva y señala oportunidades en inteligencia artificial, infraestructura digital, aeroespacial y defensa, y biotecnología. El fondo destinó más de 6.000 millones de dólares a nuevos préstamos durante el primer semestre. La cuestión inmediata es si esas nuevas operaciones podrán compensar la presión sobre las carteras antiguas y contener las solicitudes de reembolso.











