Donald Trump ha vuelto a reclamar una bajada de los tipos de interés en Estados Unidos y ha elevado la presión sobre la Reserva Federal con una amenaza comercial: dejar de comerciar con los países con los que Washington mantiene déficit. El mensaje llegó después de un informe de empleo mucho más sólido de lo esperado, un dato que, en lugar de respaldar una relajación monetaria, refuerza los argumentos a favor de mantener los tipos altos o incluso subirlos.
Trump vincula los tipos con la solvencia de Estados Unidos
El presidente publicó su exigencia en mayúsculas en su propia plataforma social. Su argumento es que Estados Unidos se encuentra en una posición crediticia más sólida que antes y, por tanto, debería disfrutar de los tipos de interés más bajos del mundo, “como en los viejos tiempos”. Si la Reserva Federal no actúa en esa dirección, Trump amenaza con paralizar el comercio con los países que venden más a Estados Unidos de lo que le compran.
La relación que plantea el presidente no coincide con el funcionamiento de la política monetaria. La Reserva Federal fija el tipo oficial al que las entidades financieras pueden obtener financiación del banco central. Esa referencia acaba influyendo en el coste de las hipotecas, los préstamos y otros productos financieros. La institución utiliza los tipos para enfriar la economía cuando la inflación es demasiado elevada o para estimularla cuando la actividad pierde fuerza.
La solvencia del Gobierno estadounidense es una cuestión distinta. Washington se financia mediante la emisión de bonos del Tesoro y son los inversores quienes determinan la rentabilidad que exigen para comprar esa deuda. En ese mercado sí pesan la calidad crediticia del emisor y la percepción sobre sus riesgos.
La amenaza comercial podría encarecer la deuda
Además, la medida planteada por Trump podría producir el efecto contrario al que busca. Los países que acumulan superávit comercial con Estados Unidos reciben dólares que, en parte, destinan a la compra de bonos del Tesoro. Esa demanda ayuda a contener la rentabilidad que debe ofrecer Washington para financiarse.
Si el comercio se interrumpiera y esos compradores dejaran de adquirir deuda estadounidense, el Gobierno tendría que ofrecer posiblemente mayores intereses para atraer capital. La amenaza, por tanto, introduciría más presión sobre el coste de financiación del país en lugar de aliviarla.
La situación crediticia tampoco respalda por sí sola la petición presidencial. Moody’s retiró en mayo de 2025 la última calificación AAA de Estados Unidos. S&P y Fitch mantienen al país un escalón por debajo, en AA+.
El empleo refuerza la opción de mantener o subir tipos
El informe laboral conocido hoy mostró la creación de 162.000 puestos de trabajo en agosto, más de cinco veces por encima del promedio mensual de unos 31.000 empleos registrado durante el año anterior. Un mercado laboral con ese ritmo de contratación ofrece a la Fed menos motivos para recortar los tipos de forma inmediata.
Los tipos se mantienen desde diciembre en una horquilla del 3,50% al 3,75%. En julio, el Comité Federal de Mercado Abierto decidió conservar ese nivel por nueve votos frente a tres, aunque los tres miembros discrepantes defendieron una subida. Kevin Warsh, presidente de la Fed nombrado en mayo por Trump, también planteó públicamente un incremento la semana pasada.
Dentro de la propia Casa Blanca tampoco existe una posición completamente uniforme. Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional, afirmó que la Administración respeta la independencia de la Reserva Federal, pero consideró sólido el argumento para mantener los tipos sin cambios.
Tras los datos de empleo, una ligera mayoría del mercado pasó a apostar por una subida de tipos este mes. En ese contexto, Bitcoin (BTC), el oro y las acciones registran descensos, ya que deben competir con una rentabilidad considerada prácticamente libre de riesgo.












