Cuatro movimientos registrados esta semana apuntan a una menor dependencia de Estados Unidos por parte de algunos de los mayores inversores institucionales. El traslado de reservas de oro, una mayor protección frente a una posible caída del dólar, el replanteamiento de la cartera del fondo soberano noruego y el aumento de las posiciones en oro dibujan una tendencia común: el dólar y la deuda pública estadounidense siguen siendo centrales, pero ya no se consideran una opción incuestionable para todas las carteras.
Más oro fuera de Nueva York y mayor atención al riesgo geopolítico
La primera señal llegó con la decisión del Banco de los Países Bajos (DNB) de trasladar 86 toneladas de oro desde Nueva York y Ottawa a Londres. El objetivo es mantener una mayor parte de sus reservas en un mercado donde puedan negociarse con rapidez. El banco central también incluyó los factores geopolíticos y la preparación ante posibles crisis entre los elementos de su evaluación.
Después del traslado, Londres concentrará el 32,1% de las reservas de oro neerlandesas y Nueva York, el 30,8%. Otro 18,6% permanecerá en Ámsterdam y el 18,5% seguirá en Ottawa.
La decisión no es un caso aislado. Francia retiró casi al mismo tiempo 129 toneladas de oro de Nueva York. Estos movimientos no implican necesariamente una pérdida de confianza en Estados Unidos, pero sí reflejan un mayor escrutinio sobre la ubicación del oro físico y la rapidez con la que los bancos centrales podrían acceder a él en una situación de tensión.
El momento también ha atraído atención. Menos de una semana antes, Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, afirmó que Estados Unidos había vendido euros sin consulta previa para apoyar al yen japonés.
Los fondos de pensiones estudian cubrir más su exposición al dólar
La segunda señal procede de los fondos de pensiones internacionales. Según datos de Bloomberg, grandes fondos de seis países podrían estar valorando una cobertura mayor frente a una eventual depreciación del dólar. Estas instituciones mantienen importantes inversiones en activos estadounidenses y, cuando la moneda cae, el valor de esas posiciones disminuye al convertirlas a sus divisas de referencia.
La exposición media cubierta alcanza actualmente el 41%, de acuerdo con esos datos. Durante años, la cobertura limitada no fue necesariamente un problema: en las fases de caída de las bolsas, el dólar solía apreciarse y compensaba parte de las pérdidas en renta variable. Esa relación, sin embargo, se ha debilitado.
Si los fondos analizados elevaran su cobertura en cinco puntos porcentuales, podrían generar alrededor de 230.000 millones de dólares de presión vendedora adicional sobre la moneda estadounidense. La cifra es una estimación vinculada a ese supuesto, no una operación ya ejecutada.
Noruega reduce el peso de la deuda y crece el interés por el oro
El tercer movimiento llegó de Norges Bank Investment Management, el gestor del fondo soberano noruego, cuyo patrimonio ronda los 2,3 billones de dólares. Según el Financial Times, la entidad recomienda reducir del 70% al 50% el peso de la deuda pública dentro de su cartera de renta fija. El cambio supondría una salida neta aproximada de 106.000 millones de dólares de bonos soberanos a escala mundial, de los que unos 80.000 millones corresponderían a bonos del Tesoro estadounidense.
El matiz es relevante: Noruega no estaría abandonando masivamente el dólar. La exposición total a la moneda se mantendría prácticamente estable, porque parte de los fondos se dirigiría a bonos hipotecarios de Estados Unidos. La señal apunta más bien a una menor dependencia de la deuda pública como activo defensivo.
En paralelo, más de una docena de grandes gestoras, con unos 27 billones de dólares bajo gestión en conjunto, han incrementado sus posiciones en oro o han mantenido las que ya tenían. Amundi calcula que el metal podría volver a acercarse a los 5.000 dólares antes de final de año, una previsión de la gestora, no un hecho confirmado.
La tendencia también se observa entre los bancos centrales. Entre abril y junio compraron 289 toneladas netas de oro, el mayor volumen registrado en un segundo trimestre según el World Gold Council.
El conjunto de señales no permite hablar de una huida masiva del dólar ni de los activos estadounidenses. Estados Unidos conserva un papel dominante en las carteras globales. Pero el aumento de la deuda pública y la subida de la rentabilidad del bono a diez años hasta su nivel más alto desde 2023 están llevando a grandes inversores a diversificar reservas, coberturas y activos defensivos. El cambio, por ahora, parece gradual: más que abandonar Estados Unidos, se trata de depender menos de él.











